La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

abril 28, 2006

Los términos de intercambio III

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 3:15 pm

Daniel Naszewski volvió a la carga esta semana con su hipótesis de que la célebre teoría de los términos de intercambio declinantes, que fuera el fundamento más sólido de la política de protección a la industria argentina desde los años 40, se está haciendo pedazos. Sigue un extracto de su artículo, que comienza con un relato del impacto que tuvo su primer artículo sobre el tema.

Sobre los chinos, Prebisch, los precios y el perfil productivo…

(…) Alfredo Zaiat (del menú de Página 12) escribió (el pasado sábado 22) sobre los blogs y aledaños, dedicándose en parte a observar el maravilloso fenómeno blog, y también a comentar mi idea aledaña sobre el posible (¿probable?, ¿pendular?, ¿cíclico?, ¿improbable?) agotamiento de la teoría de Raúl Prebish respecto a la tendencia secular al deterioro de los términos del intercambio de los commodities primarios. (…) al otro día (el domingo) Marcelo Zlotowiazda (debe faltar alguna letra, perdón, a mi me pasa lo mismo que a usted) siguió con el tema en Página. (…) Y Horacio Huergo (jefe suple agropecuario de Clarín, el “gran diario argentino”) le escribió a Jorge Avila un eeeeee-mail diciendo que está conmovido por esta posición, que yo llamaría heter-heterodoxa, agregando que él mismo había escrito algo parecido varias veces, qué bueno, no estamos solos en la madrugada. Incluso Gustavo Grobocopatel, un muchacho que entiende algo de soja, me mandó también un mail sosteniendo que “éste no es un ciclo más, es uncambiode paradigma. Son varias las causas: desarrollo de Asia pacifico, biocombustibles, restricciones en el agua y la tierra (argentinos y Mercosur de suerte), nuevas necesidades en los alimentos,losbioplásticos, los biofármacos”… El hombre, amable y entusiasta como pocos, me explicó que “sigo los mercados hace mas de 10 añosy lalógicacambió”, agregando que “dejémonos de boludearycomencemos, como bien decís, aindustrializarel campo, los serviciosytodo aquelsectorque tengaunproductoo serviciocompetitivo sin mamar de latetaajena”. No sé si fue claro el señor, creo que clarísimo. Coman soja, millones de chinos no pueden equivocarse.

Lo que quiero decir con tooooodo esto es que los argentinos, al fin no tan solos, y con unas décadas de atraso, empezamos poco a poco a debatir si el deterioro secular de los Términos del Intercambio (TI) sigue teniendo vigencia, o no, y hasta la misma estrategia de desarrollo (donde la industria debiera ser un sector más, y no “EL SECTOR”).

Ya lo ven, los diarios hablaban de TI.

Capítulo único. Pavada de debate

No es poco discutir esto. El desarrollo (o el subdesarrollo) de la Argentina del último medio siglo, o algo más, viene ligado profundamente a esta premisa que todos hemos comprado como verdad revelada (me incluyo, de mis tiempos de discípulo, asistente y admirador del maestro Marcelo Diamand). En concreto, si el deterioro de los términos del intercambio de los productos primarios es secular, como lo sostuviera Raúl Prebisch entonces quizá se justificarían, como en los recordados tigres asiáticos (países chicos, mucha población, poco verde), la industrialización acelerada a cualquier precio, la sobreprotección, el cierre de la economía, una política de elevados aranceles de importación (y hasta de trabas para-arancelarias como las que hemos conocido), el apoyo a las industrias infantiles (que por alguna razón que se me escapa en la Argentina se resisten a crecer de una vez), las retenciones al sector agropecuario. Y la desatención al campo, al petróleo, a los pececitos de colores (salmones, por ejemplo, producto del que Chile ya exporta cerca de 2.400 millones verdes rosados al año).

Dicho de otra forma, si el deterioro de los TI primarios es, o era, una tendencia como lo observara don Prebisch, y no un sube y baja, hasta quizá tuvo y siga teniendo algún sentido el paradigma del dólar real alto, aunque se coma los salarios (es una metáfora, en realidad los asalariados comen los bienes exportables). Todo sea para promover y proteger y desarrollar al pobrecito sufrido lastimoso sector manufacturero nacional, que sería, bajo esa idea, la única forma de salir de pobres pero honrados. Dicho de otra forma más: si los TI primarios caían y seguirán cayendo de manera persistente, la fórmula era sin duda Jorge Remes al Gobierno, Coniglio de Mendiguren al poder. O sea, deva, deva y más deva para proteger a los pobres industriales desprotegidos, y de paso política arancelaria sobreprotectiva, por si con la deva no alcanzaba.

Pero si la premisa sobre el deterioro secular de los términos del intercambio de los productos primarios no era sustentable, o si cambió, o si está cambiando gracias a Malthus y los chinos, indúes, coreanos, tailandeses y otros países asiáticos “población intensivos” que demandan a lo pavo, incluso otras aves, entonces la teoría que decía que sólo la industrialización de manufacturas salvaría a los argentinos de la debacle era incorrecta, o al menos lo es ahora, y la conspiración internacional y planetaria que sin duda hubo en marcha contra la Argentina en las décadas pasadas fue y es un Gran Equívoco Nacional.

Es así de simple y complicado a la vez, amigos y no tan amigos. Por eso sugiero que nos pongamos a conocer cómo funciona el mundo en realidad, y a entender la teoría de la división internacional del trabajo, la especialización, y aquel viejo dilema de mantequilla o cañones. Es momento en que cambiemos de una vez nuestro obsoleto concepto que el verdadero desarrollo es la producción de manufacturas (made in Argentina), aunque sean costosas para los consumidores, aunque sean poco competitivas o no tengan escala. Es tiempo que nos preguntemos si la solución no será, también (hay que insistir, vieron), industrializar el agro, industrializar la industria, industrializar el arte y la cultura y el cine (cómo la industria de Hollywood, vio), industrializar la producción de soft y hard, industrializar la soja para hacer bioenergía, industrializar nuestro atractivo turístico basado en el tango, las bellezas naturales y de las otras, y tantas cosas más.

Es el momento de pensar en fabricar no sólo tornos sino autopistas de cemento y autopistas informáticas, de producir todo aquello que nuestra famosa creatividad argentina es capaz de generar de manera eficiente, competente, competitiva, con la mente abierta. Hasta podríamos ser grandes productores y exportadores de encuestadores, asesores de imagen y hasta creadores de discursos enojados y enojosos, que tan bien se venden.

Hasta podríamos desarrollar la industria de verdades reveladas y venderlas al exterior como expo no tradicional. Sí, es hora de preguntarnos si debemos tener industria aeroespacial o ser los mejores y mayores productores de caramelos del mundo, así como de tubos sin costura para la industria del petróleo. Y es hora, de una vez, de dejar de seguir pensando que los chinitos son el peligro amarillo (la recurrente pesadilla de Mafalda y de parte de mi generación), para aceptar que el mundo crece, que el consumo crece, que el número de pobres disminuye relativamente en el mundo (pese a lo que digan los desconocidos de siempre que ven el Apocalípsis a la vuelta de cada esquina), que millones de personas se están incorporando año a año a la demanda internacional de alimentos, películas, telenovelas, lencería femenina, tallarines de trigo, toallitas femeninas, choripanes (oia, que mezcla tan rara me quedó), inteligencia aplicada al bien, medicina y tantas otras cosas maravillosas que los argentinos somos capaces de hacer con nuestras ventajas competitivas y comparativas, además de las excelentes manufacturas de origen industrial que producimos, siempre tan bien defendidas por mi gran amigo Coniglio de Mendiguren. Ah, y producir y exportar ambientalistas, of cors, como agregaría Paltrow.

Bueno, digamos que es hora de empezar a pensar, a reflexionar, a debatir, a escuchar lo que piensan los otros (aunque sea diferente a la cultura oficial), a ser un país neuronas intensivas. Eso, sólo eso, nada más que eso. Como escribió Javier González Fraga, Prebisch y sus ideas fueron un reflejo de su época, y debemos respetar y admirar aquellas ideas y su esfuerzo. Pero el tiempo siguió haciendo su trabajo, como siempre, y es hora de un nuevo paradigma. ¿Cómo debe ser? Qué se yo, eso se lo dejo a los hombres prácticos y schumpeterianos, que al final siempre resultan ser los mejores pensadores, porque piensan con el estómago, con el corazón, con la sangre, con el bolsillo, con las vísceras, no sólo con la cabeza.

Un abrazo,

El Hombre Electrónico

3 Comments »

  1. Propongo a Naszewski una alternativa al principio de Prebisch: Lo que declina secularmente es el precio de todos los productos manufacturados. Lo que es bastante obvio, por el progreso tecnologico que baja continuamente los costos de produccion. Y declinan respecto de que? Fundamentalmente respecto del valor del trabajo humano. O sea que cada vez cuesta menos horas comprar articulos manufacturados, decada tras decada. Entre precios de bienes, los productos industriales declinan secularmente respecto de los servicios (por que los servicios son casi puro trabajo humano); y respecto de los activos fijos no reproducibles, principalmente el precio de la tierra. El deterioro de los terminos de intercambio es un concepto que refleja el complejo de inferioridad de quien no se anima a cambiar su economia para pasar de los productos de ayer a los de hoy. Si baja el precio de los piquitos de boina, mas que quejarse al G8, no sera mejor pasar a fabricar cremas factor 64 anti UV? Los precios relativos cambian. Mas que negar el cambio, sugiero criticar la impotencia de adaptarse.

    Amateur: Estoy en completo acuerdo con Ud. Notable su claridad conceptual. Vamos a esperar la respuesta del autor del artículo (D. Naszewski).

    Comment por Amateur — mayo 1, 2006 @ 6:26 pm

  2. y entonces cual es la receta magica?? Devaluación no… Dolar alto no… dolar 1 to 1 competitividad cero, integración al mundo 100 y debacle como ultimo acto. Debe haber un punto medio.

    Juan Manuel: La solución es abrir la economía al libre comercio y dejar que el sector privado elija qué producir para exportar o bien para competir con las importaciones. La teoría de los términos de intercambio declinantes han sido el soporte intelectual del proteccionismo más aldeano y empobrecedor.

    Comment por juan manuel — mayo 2, 2006 @ 11:33 pm

  3. Juan Manuel, el punto medio entre esquivar el camion que se nos viene de frente por la izquerda, o por la derecha, es estrellarse! Bromas aparte, la solucion es la flexibilidad, si China siguiera con los gusanos de seda, o España con el aceite de oliva, no hubieran saltado al desarrollo. La teoria del deterioro secular de los terminos de intercambio es una deformacion de culturas con panico al cambio, presupone una economia rigida que produce lo mismo a lo largo del tiempo, ignorando los cambios tecnologicos y culturales. Como teoria no es ni siquiera equivocada: es inutil.

    Comment por Amateur — mayo 7, 2006 @ 3:04 pm

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