La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

abril 26, 2006

Los términos de intercambio de nuevo

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:09 pm

Reproduzco a continuación un artículo que publicó el ingeniero agrónomo y periodista agropecuario Héctor Huergo en Clarín en diciembre de 2005. Señala la falsedad de la célebre "teoría de los términos de intercambio", que ha sido durante 70 años el gran soporte intelectual de la política de protección aduanera a la industria y la justificación de la cerrazón comercial argentina. La protección industrial, que por necesidad lógica implica un desestímulo de la exportación, ha sido la causa de alevosa discriminación practicada sobre el campo (aunque la Sociedad Rural Argentina no se haya dado por enterada) y los consumidores. Huergo sabe de qué habla.

Los dos principales clientes de alimentos argentinos en el 2005 fueron China y la India. El sudeste asiático está que hierve, necesita alimentos y no puede producirlos. Vamos a cerrar el 2005 con un récord absoluto de exportaciones, con embarques por 40.000 millones de dólares. Es una cifra sorprendente, porque a comienzos de los 90, después de experimentar durante décadas con el modelo cerrado, no llegábamos a 10.000 millones. Desde entonces, se viene subiendo a un ritmo de 2.000 millones anuales. Ni la convertibilidad, ni la salida traumática de ella, ni la mano de ningún ministro de economía pudieron frenar el empuje exportador.

Lo más notable es que dos terceras partes de estos 40.000 millones del 2005 vienen del sector agroalimentario. Es casi gracioso, para no decir grotesco, que esto se perciba como algo negativo. "Son materias primas sin valor agregado", dicen unos. "Las afecta el deterioro de los términos de intercambio", sentencian los más formados en la escuela de Raúl Prebisch, el gran economista que introdujo la teoría de que mientras las materias primas bajaban continuamente de precio, los bienes industriales subían por la escalera. Esta teoría llevó a "industrializar" a cualquier costo, negando la planificación en función de las ventajas competitivas naturales y adquiridas.

Industria, según el diccionario de la Real Academia Española, es la actividad que transforma los recursos naturales. Bajo esta acepción, el campo es también industria. Aunque se desarrolle a la intemperie. El chacarero es el capataz de una línea de montaje a la que concurren toda clase de bienes provistos por "otras" industrias: fertilizantes de síntesis química, herbicidas, insecticidas, funguicidas. Tractores y sembradoras. Todo "just in time", como en la industria japonesa. Los productores saben muy bien el riesgo que se corre si la cosechadora llega tarde…O si se fumigó a deshora.

En esta visión, los granos son productos de alto valor agregado. Le agregan valor al fertilizante, al agroquímico, a la maquinaria, que no tendrían sentido sin la cosecha.
Que los cereales y las oleaginosas sean materias primas de otros industrias "corriente abajo", no les quita mérito alguno, sino que revela su extraordinario potencial. Producto final en sí mismo, pero también materia prima para seguir la escala de valor. Pellets de soja, y de allí, junto con el maíz, al pollo, el cerdo o la carne vacuna. Aceite de soja, y de allí, a la mesa, o a la fábrica de biodiesel. De la fábrica de biodiesel sale la glicerina como subproducto, una molécula valiosísima que ingresa en la industria farmacéutica para infinidad de usos. Del maíz al etanol, los almidones que utiliza la industria petrolera, o la fructosa que endulza las bebidas cola y las mermeladas industriales.

Así que chau con la teoría del "valor agregado", que muchos confunden con "grado de elaboración". Lo que importa es cuántos dólares salen por cada dólar que ponemos, y no la sofisticación aparente de un producto determinado. Nada genera más valor, en la economía argentina, que la soja, y por eso su crecimiento incontenible.
Veamos la cuestión del "deterioro de los términos de intercambio". Según Jorge Castro, la teoría de Prebisch pasó a la historia a partir de la experiencia de los últimos tres años. El espectacular desarrollo de China lo ha convertido en una aspiradora de todo tipo de materias primas: minerales, granos, recursos energéticos. Con estos insumos, elabora toda clase de productos industriales, basados en mano de obra barata, y los está exportando a todo el mundo. Son cada vez más baratos, mientras suben los precios de todo lo que compran.

Las evidencias se asoman por todos los balcones. ¿Cuánto costaba una unidad de memoria de computadora hace veinte años? ¿Cuánto hace diez, y cuánto ahora?. En un IPod del tamaño de un tarjetero, usted puede almacenar 3.500 canciones y escuchar la que quiere rozando el índice en un dial fijo. Antes necesitaba un cuarto para el combinado y la discoteca…

Sí, cada vez hacen falta más chips para comprar un quintal de trigo. El deterioro de los términos de intercambio va al revés de los presagios. Un auto cuesta los mismos quintales de trigo que hace veinte años. Pero ahora vienen con doble airbag, ABS, control de tracción, caja automática y motores que consumen la mitad y emiten menos gases nocivos para la salud o el planeta.

Hay un último argumento para atacar el modelo de los 40.000 millones de dólares, dos tercios de agroalimentos, que entre otras cosas permitió saldar la deuda con el FMI. Y es que los países centrales son autosuficientes en agroalimentos, que subsidian y que no nos van a dejar crecer. Lo ocurrido esta semana en Hong Kong desmitifica también esta cuestión. La tendencia a la liberalización agrícola es inexorable. Si no, la Argentina no hubiera triplicado sus embarques en los últimos quince años. Récords de exportación de carne vacuna, un producto que siempre fue problemático. Hay cuotas para entrar a la UE, y altísimos derechos fuera de cuota. Pero así y todo los embarques se expanden a toda velocidad, dentro y fuera de cuota.
Pero lo más notable es que los dos principales clientes de los agroalimentos argentinos en el 2005 fueron China y la India. Entre los dos reúnen el 40% de la población mundial, con 2.400 millones de habitantes. Y son países cada vez más abiertos en materia de alimentos. Ambos en plena expansión económica, exhibiendo tasas de crecimiento extraordinarias (del orden del 9% anual) lo que impulsa la demanda de comida.

El mundo desarrollado achica los subsidios y tiende a liberalizarse. El sudeste asiático está que hierve, necesita alimentos y no tiene cómo producirlos. ¿Será nomás que Dios es Argentino?

2 Comments »

  1. Siempre me pareció que la teoría cepaliana-prebischiana del "deterioro de los términos del intercambio" como justificativo de políticas proteccionistas adolecía de fallas analíticas, con prescindencia absoluta de que dichos términos en algún período se "deterioren" o "mejoren" (es casi seguro, dada la baja elasticidad-precio y elasticidad-ingreso de la demanda de “commodities”, que en el largo plazo su precio relativo tenderá a disminuir, respecto de bienes o servicios con una elasticidad precio e ingreso superior a la unidad). Aun en la hipótesis de que existiera una tendencia secular en ese sentido, la sustitución de importaciones forzada no sería conveniente: 1) Por lo pronto, la teoría parece entender que el deterioro de los términos del intercambio es un proceso que puede continuar indefinidamente sin que ese deterioro promueva cambios en la estructura productiva de los países pretendidamente afectados. Los efectos nocivos del deterioro tienen como límite el punto en que, a fuerza de empeorar la relación de intercambio exterior, la relación interna de sustitución entre los bienes primarios y los manufacturados -para simplificar la cuestión-bienes agrícolas vs. maquinarias- torna naturalmente más favorable la producción de los bienes manufacturados en los países cuyos términos del intercambio se han deteriorado. A partir de ese momento, pasan a tener una ventaja relativa en la producción de bienes industriales, respecto de los países “centrales”. En los textos clásicos de economía (Samuelson, Boulding, Kindleberger), y conforme a la vieja teoría de los costos comparativos o ventajas relativas se enseña que, mientras las relaciones internas de sustitución de ambos países difieran, será provechoso el intercambio conforme con una relación intermedia. Si en el país "A" –por hipótesis país central- la relación interna de sustitución es 10 unidades del bien industrializado por 3 del bien primario; y en el país "B" –por hipótesis, país periférico- es de 10 unidades del bien industrial, por 6 del bien primario, cualquier relación de intercambio intermedia entre 10/3 (para “A” y 6/10 (para “B”) será beneficiosa, aunque las ventajas del intercambio sean cada vez menores para “B”. Por supuesto, si el país "B" que estaba intercambiando 4 unidades del bien primario a cambio de 10 unidades del bien elaborado, se ve obligado a intercambiar 4.5, 5 o 5.5. unidades a cambio de 10, se verá perjudicado; pero el límite del “deterioro” es la relación 6/10. A partir de ese momento, se torna conveniente para el país “B”-y las fuerzas del mercado lo determinarán sin necesidad de barreras arancelarias o extra-arancelarias- producir internamente lo que antes de importaba. Es decir, el límite del deterioro está constituida por las bandas que conforman las curvas de transformación interna: cuando la relación de intercambio sea tan desfavorable, que resulte económicamente más provechosa la producción interna del bien o bienes que se han tornado comparativamente caros, así se hará sin necesidad de una política industrial sustitutiva. 2) La consecuencia que extrajo la teoría cepaliana –que resultaba conveniente forzar la producción interior de bienes propios de la “industria pesada” y bienes de capital, a través de altas barreras arancelarias- era incongruente con sus propias premisas: si las importaciones nos resultaban cada vez más caras en términos de nuestras exportaciones, prohibir las primeras o imponerles barreras prohibitivas, para que sean aún más costosas internamente que si se las importara, equivalía a “deteriorar” aun más los precios de los productos agrícolas, respecto de los bienes industriales. Si los servicios del dentista resultan cada vez más onerosos en función de mis ingresos, por cierto que lo lamentaré, pero de allí no extraerá la consecuencia de que sea más conveniente dejar mis actividades, montar un torno en mi casa, y hacerme extraer las muelas o curar las caries, por mi esposa e hijos; o cu-rármelas frente a un espejo. 3) No siempre la reducción de los precios lleva consigo un deterioro de los ingresos. El precio de las PC –desktops y laptops- ha disminuido en relación a otros bienes –es decir, se han “deteriorado” los términos del intercambio para los fabricantes de computadoras- pero eso no parece que haya provocado la ruina de la industria mundial de la computación. 4) Muchos países han experimentado un sustancial crecimiento, en épocas de “deterioro” de los precios de sus bienes exportables. Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda, Canadá, Holanda en el siglo XX, eran fuertes exportadores de materias primas; Inglaterra en el siglo XIX también sufrió el deterioro de los términos de su intercambio respecto de las materias primas, en la época de apogeo de su poderío económico. En realidad, las teorías “estructuralistas” y cepalianas de las décadas del 60 y 70 no intentaron una refutación de la teoría de las ventajas relativas –lo que implica criticarla dentro de sus propias premisas y herramientas conceptuales, o intentar la demostración de la falsedad de aquellas- sino presentaban su propia versión como una crítica heterodoxa al saber académico convencional, sin hacerse cargo de la argumentación a la que denominaban “ortodoxa".

    Comment by Julio Rougès — mayo 4, 2006 @ 2:07 pm

  2. interesante artículo

    Comment by andrés nanni — septiembre 5, 2006 @ 12:22 pm

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