La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

abril 6, 2006

¿Los términos del intercambio, están passé?

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 6:58 pm

Este es el último artículo de mi amigo Daniel Naszewski. Contiene una original y muy necesaria apelación a revisar la hipótesis de los términos de intercambio declinantes que gobierna a la política económica argentina desde hace medio siglo, con contadas excepciones, para el regocijo del sector industrial que prospera gracias a aranceles y cuotas que restringen las importaciones, y de subisdios que pagan los contribuyentes y los consumidores.

¿El Chops Suey le gana a Prebisch y el deterioro de los términos del intercambio?

Toda mi generación, los que estudiamos en la universidad en los años setenta, compramos e hicimos comprar muchos buzones, nos engañamos, compramos pececitos de colores, creímos, nos defraudamos, defraudamos, nos la creímos, nos enamoramos del sexo sin amor, de palabras pomposas y prometedoras como la revolución, de las utopías salvadoras del mundo y otros planetas, de ideales más que de ideas, del intercambio desigual y la idea que el mundo se dividía en buenos y malos, en países centrales y países periféricos, en explotadores y explotados, y pocos, muy pocos, nos atrevimos a hacer una severa autocrítica y, menos aún, a reconocer que nos dañamos, y dañamos mucho a quienes nos rodeaban. Ya se sabe, “íbamos a cambiar el mundo y el mundo nos cambió a nosotros”, ¿no habremos soñado demasiado?

Lo concreto es que en la última semana me dediqué a conversar con algunos economistas re-nombrados que ni siquiera puedo mencionar por aquello del perfil bajo (sí, ahora está la onda del perfil bajo, ¿vio?, la última moda de los asesores en coaching media). Por ejemplo, conversé con mi gran amigo Mario Brodershon, a quien le pregunté si creía que la teoría del deterioro secular de los términos del intercambio (traducido, el trigo tiende a bajar, las computadoras a subir) se habría agotado ahora que la soja viene hasta en las milanesas (le regalo la idea a K, que no sabe qué hacer con la carne…), ahora que los chinos crecen 10% anual y no saben como enfriarse y crecer sólo al 9%, ahora que India, China y otros paisitos de aquellos aumentaron la demanda mundial de commodities como el petróleo, los alimentos como el chop suey y todo plato que tenga soja, trigo, carne, aves, cornalitos, salmón rosado, comida, combustible, energía para las personas y para las máquinas. Brodersohn, que está de vuelta y se las sabe todas, me miró detrás de los anteojos y me dijo “mire, uno cuando está arriba de la ola siempre se cree que se va a mantener allí y disfruta sus 15 minutos de gloria, pero luego siempre, tarde o temprano, se cae”. Hombre sabio, sin duda, creo que me estaba dando también una metáfora sobre la vida misma y sus estaciones, sus ciclos, además de decirme (y decirle a Felisa la de la Sonrisa, de paso) que no se entusiasme demasiado con esta idea que los precios agrícolas se mantendrán altos hasta el 2001, o el 2015, por si las dudas, por si re-re, por si Cristina.

Pero en la semana, también, fui a almorzar off the record con mi gran amigo Miguel Braun (el hombre del Cippec), junto a Luciana Freers y Esteban Fernandez Medrano (los dos con el babero puesto),y les hice la misma pregunta: ¿Prebisch no va más?, ¿se equivocó la paloma, se equivocaba?). Las respuestas fueron variadas, quizá lo más complicado fue para Miguel, ya que su padre fue nada menos que Oscar Braun, el economista ídolo que formó a toda mi generación (Felisa incluida) y nos convenció de aquello del Intercambio Desigual (otra forma de ver lo mismo). Insisto, las respuestas fueron variadas porque hay que reconocer que esta es una pregunta no demasiado investigada aún. De hecho, están por un lado los neomalthusianos pesimistas que siguen insistiendo en que los recursos renovables se acaban, obvio, aunque ya no se los ve tan seguros con la premisa aquella sobre que la producción de alimentos crece en progresión aritmética y la población en progresión geométrica. Y están por otro lado los optimistas amantes de aquello que la tecnología todo lo resolverá, como siempre, y ponen como ejemplo a la revolución verde (una revolución en serio, ya que hablamos del tema), y cómo la producción agropecuaria ha seguido expandiéndose a tasas inesperadas, alimentando a más y más millones de personas en todo el mundo, pese a que ya somos más de 6.000 millones de individuos-commodites-personas-despersonalizadas. Todos iguales, todos diferentes. La vida es un commoditie.

Seguí preguntando. El Hombre Electrónico no se cansa de consultar obsesivamente, no para saber si compraba petróleo y soja sino para comprender el mundo en que vivirán mis hijas. En el ciclo económico de mi gran amigo Miguel Angel Broda (tomen este giro literario como un homenaje a Tato Bores, de paso), el miércoles, él solito se mandó con un grafico preguntándose lo mismo, observando durante cinco minutos que Néstor Kirchner es un suertudo si los hay, ya que le tocó gobernar en un período cuando menos largo de maravillosos precios internacionales de cereales, oleaginosas, petróleo y, algo que hay que alegrará especialmente a nuestros hermanos schilenos, los metales preciosos y no tan preciosos, todos muy útiles (de paso, hoy el oro tocó otro récord, ya cerca de u$s 600 la onza troy (en recuerdo del Capitan Adam Troy, el de Aventuras en el Paraíso, qué viejazo lo mío, ¿se acuerdan?)).

“Detrás de ello está también nuestro saludable superávit comercial que barrió con la vieja restricción del sector externo”, sugirió. Al final, como siempre, le hice mi pregunta traviesa: “Miguel, ¿se equivocó don Raúl Prebisch?” (nótese el respeto por el maestro). Y Broda, luego de hacer unos comentarios académicos muy amables sobre la Cepal y su paradigma industrialista y sustitutivo de importaciones, se jugó como siempre, y dijo “Mire, me parece que aquí hay un cambio estructural con el ingreso de China e India al mercado mundial como grandes demandantes de alimentos”. Creo que tenemos precios de commodities altos por muchos años, sugirió, mientras sus ojos mostraban que estaba pensando otra vez “qué suerte que tiene Kirchner, ¿la aprovechará?, que es la pregunta del millón de paso, en un país asesino serial de grandes oportunidades. Sí, todos somos medio commodities en este mundo.

Pero eso no fue todo, de allí me fui a un seminario secreto de la Universidad Austral (y dale con el pefil bajo) que organizaba mi gran amigo Juan Llach esa misma tarde (terminé cansado, ¿vale la pena agregarlo?, me tomé un Tafirol porque ya tenía un secular dolor de cabeza, obvio). El tema también estaba en el ambiente, hay que decir que allí estaban los economistas masters y Pehachesde de varias universidades de aquí y de los Usas, y en un momento le tocó a hablar a mi gran amigo Pablo Gerchunoff, un entendido en temas de campo si los hay por sus antecedentes familiares. No puedo decir lo que dijo porque esto es secreto en serio, pero se lo veía optimista y de hecho lo que sostuvo es que el paradigma está cambiando, y uno de los puntos sería, justamente, el cambio en los términos del interambio a favor de nuestro país (y de Kirchner, otra vez, qué suertudo el Presi, ¿aprovechará la oportunidad?). Para terminar, Juan José (otro con babero cuando le tocó el turno de hablar a su hijo Lucas) al final también se la jugó con mi pregunta y sostuvo que sí, que hay salto cualitativo, que lo del chop suey habría venido para quedarse y que tenemos precios internacionales buenos , aunque en la tribuna alguien sostuvo que ojo, que las computadoras también estáb bajando de precio año a año. Y tuvo un gesto noble de los suyos recordándolo a mi gran amigo Marcelo Diamand, quien desarrolló toda esta idea de la Argentina como una estructura Productiva Desequilibrada, la idea ahora en cuestión.

Conclusión. Muchachos, como diría el simpático Juan Carlos de Pablo (que no es mi gran amigo), todo este rollo del intercambio desigual deberíamos reverlo, toda esta vaina (como diría el Yeneral Comandante Chávez) que la industria vale más que el sector agropecuario a la hora de hacer estrategias de política económica (política económica, ¿qué es eso?) cuando menos es hora que la discutamos a la hora de debatir si apertura o sobreprotección, si economía cerrada o abierta, si vacas sí o vacas no, si hay que explorar para buscar más petróleo o dejar de ser exportadores justo ahora cuando orilla los 70 dólares el barril. Dicho de otra modo, si el Gran Maestro de mi Generación, Don Raúl Prebisch, pudo no tener del todo razón (¿vieron que lo digo con delicadeza?, no sea cosa que mis amigos economistas no me saluden más) y el deterioro secular de los términos del intercambio a lo mejor no era tan secular, sería bueno saberlo, asumirlo, aceptarlo, resignarnos a que la vida te da sopresas, y en vez de seguir insistiendo con industrializar la industria tratar de industrializar el campo, industrializar el turismo, industrializar los servicios, industrializar la producción cultural (promover las expos de las telenevelas de Suar, por ejemplo) e industrializar el soft y el hard, en vez de seguir aferrados a ciertos prejuicios setentistas que quizá estén obsoletos. Digo, ya que el mundo sigue andando y no nos va a esperar.

Un abrazo,

El Hombre Electrónico

1 comentario »

  1. Estimado Jorge: estoy conmovido por este comentario espectacular. Yo, desde mi modesta poltrona de ingeniero agrónomo, escribí varias notas en esta misma dirección, refiriéndome a otros gurúes seguramente también amigos tuyos, como Peter Drucker, Alvin Toffler, etc. que nos recomendaban no hacer autopistas de cemento sino autopistas informáticas. Yo creía que había que hacer de las dos. En otro mail te las adjunto. Un abrazo Héctor Huergo.

    Gracias, Héctor. Sí, es un comentario que va a hacer pensar a muchos. Sobre todo porque viene de alguien que creyó en el corolario del fenómeno de la declinación de los términos de intercambio: la necesidad del proteger a la industria, pero que, con los ojos abiertos, ha ido cambiando de opinión con la experiencia.

    Comment por Héctor — abril 24, 2006 @ 9:37 pm

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