La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

febrero 29, 2008

Apertura argentina IV

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 9:05 am

Este es el cuarto post sobre la apertura argentina del siglo XIX. Contiene un listado de algunos indicadores de la confianza que inspiró el giro político nacional a favor de la apertura, un cuadro con la aritmética del "milagro argetino" y una breve narración de las presiones ideológicas y los sucesos externos por los que el país perdió su status de parte informal del Imperio británico y se encaminó más tarde al ultra-proteccionismo. Para releer el primer post con el plan general de exposición, la introducción y la primera mitad de la historia comercial, haga click aquí. Para releer el segundo post, con la segunda mitad de la historia comercial, haga click aquí. Y para releer el tercer post, con el listado de las señales de irreversibilidad que envió el giro político, haga click aquí.

 

Este apartado tiene por fin presentar datos indicativos de la amplia confianza que despertó el proceso argentino de apertura e integración comercial del siglo XIX. A diferencia de los casos que examinamos antes, la información estadística disponible para el caso argentino es fragmentaria y aproximada. En un principio, se presentan datos reveladores de la confianza que inspiró la apertura; hacia el final, figuran datos reveladores de su éxito material.

Precio de la tierra: “En 1872, el Buenos Aires Standard estimaba que el valor de las tierras de las cercanías inmediatas a la capital argentina había aumentado 50 veces durante los años 1850-70” (ibíd., 330). El autor no detalla en qué moneda se midió el aumento, pero debió ser realmente grande pues agrega que las ganancias de capital fueron enormes. “Hay muchas pruebas que inducen a creer que el valor de la tierra aumentó alrededor del 1000% entre 1883 y 1887 en la provincia de Buenos Aires, del 420% en Santa Fe, del 750% en Córdoba y del 370% en Entre Ríos” (Díaz Alejandro op. cit., 48, basado en Ferns op. cit.) Entre 1888 y 1929 el valor de la tierra en la provincia de Buenos Aires se multiplicó por un factor superior a 5, expresado en pesos oro; en otras provincias el aumento también fue enrome (Díaz Alejandro op. cit., 57).

Inversiones británicas: Antes de 1880, las inversiones británicas (acumuladas) en el país no llegaban a 25 millones de libras; en 1885 habían aumentado a 45 millones; en 1890, cuando se precipitó la crisis de Baring, sumaban 150 millones, aunque el secretario comercial de la Legación británica en Buenos Aires las estimó en un monto mayor a 200 millones. “El año 1889 fue en verdad un annus mirabilis, en el que Argentina absorbió entre 40% y 50% de todas las inversiones británicas hechas fuera del Reino Unido” (Ferns op. cit., 397). Por su parte, la participación británica en la propiedad del capital hundido en el país ascendió a 81% en 1900; disminuyó a 59% en 1913 (pese a que se duplicó el monto medido en dólares corrientes), y fluctuó en torno de 60% entre 1923 y 1927 (Díaz Alejandro op. cit., 42). Otra fuente, O’Rourke y Williamson (op. cit., 211), reporta que Argentina atrajo 11% de las inversiones británicas en ultramar del período 1907-1913, mientras Australia y Nueva Zelanda atraían un 6%; EEUU, un 15%, y Canadá, un 23%.

El cuadro 5 resume la notable expansión de las vías del ferrocarril entre la presidencia de Mitre y el fin de la experiencia de apertura. Este es un indicador de la inversión directa extranjera; su evolución debe ser interpretada a la luz del párrafo sobre la inversión británica. La construcción de kilómetros de vías es un indicador de confianza y, a la vez, de crecimiento. El masivo incremento de la población y el aumento del ingreso per cápita son una consecuencia del proceso inversor. Este simple cuadro ordena los datos fundamentales del “milagro argentino”.

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Garantías ferroviarias: Desde el principio, la construcción de ferrocarriles fue subsidiada por el gobierno nacional. Para la del Ferrocarril Central Argentino, por caso, se entregó una legua de tierra a cada lado de la línea y se garantizó un rendimiento sobre las inversiones de 7% anual (Ferns op. cit., 345). Luego de la crisis Baring, los susidios se fueron recortando. “Después de 1905 no se acordó a ninguna compañía ferroviaria argentina garantía o subsidio de ninguna clase” (ibíd., 476). Note en el cuadro 5 que no por ello la extensión de las vías dejó de aumentar.

Préstamos hipotecarios: “Con anterioridad a 1930, había un amplio mercado de hipotecas de especial importancia para la canalización de fondos hacia las actividades rurales y la construcción de viviendas urbanas. Entre 1915 y 1925 la deuda hipotecaria pendiente tenía un valor aproximado de la mitad del PBI” (Díaz Alejandro op. cit., 45). Este párrafo, así como el referido a las garantías ferroviarias, es un buen indicador de la virtual desaparición del riesgo-país.

 

A mediados de la década de 1900, cuando el ingreso per cápita argentino tocaba el 90% del ingreso del grupo líder y el gobierno argentino podía prescindir del subsidio a la inversión ferroviaria, y cuando fallecían Mitre y Pellegrini, como presagio del fin de una época, vio la luz el “nacionalismo cultural”. El Ariel, de Rodó, es una de las obras más representativas de la nueva visión. Según Altamirano y Sarlo (1997, 164-165), “el centro de la obra de Rodó constituye una impugnación de la civilización triunfante en los EEUU, utilitaria y volcada a la búsqueda del progreso material”; añaden luego que “Rodó hace alarmadas advertencias contra los peligros de la democracia y el cosmopolitismo”. Lugones, Rojas y Gálvez, en literatura, y Bunge, en economía política, fueron los principales expositores de esta visión en nuestro país (Halperín Donghi 2000, 216, 95, 233 y 180, respectivamente). Los astros se iban alineando en contra de la relación anglo-argentina.

En 1916 la República posible dio paso, como estaba previsto desde 1853, a la República verdadera. Llegó el Partido Radical, nacionalista y reformista, al poder. “Algunos de los elementos del Partido Radical provenían de familias que habían cooperado con el régimen rosista, derrotado por los liberales que organizaron el sistema económico que predominó a partir de 1862” (Díaz Alejandro op. cit., 70). La primera guerra mundial, 1914-1918, asestó un severo golpe a un país que exportaba más de la mitad de su PBI. La revolución rusa profundizó el nacionalismo cultural y la inclinación proteccionista. Bunge expresaba, ya en 1923, sus temores sobre el proteccionismo agrícola de EEUU y las preferencias imperiales británicas (ibíd., 294). “La casi totalidad de la opinión (pública) rechazaba vigorosamente el mantenimiento de normas que dejaban a la Argentina expuesta a la penetración de esas empresas gigantes (Anglo-Dutch y Standard Oil). (…) la Sociedad Rural (…) reaccionaba contra la creciente clausura del mercado norteamericano a los productos de la ganadería argentina” (Halperín Donghi op. cit., 254). Por último, “¿Qué hacer cuando La Prensa (…), en sus comentarios a lo largo del debate, se inclina cada vez más decididamente (…) por aducir (…) que, aunque bajo el monopolio fiscal la producción (de petróleo) no ha de crecer al mismo ritmo que bajos manos privadas, es necesario resignarse a ello porque la alternativa significa abrir las fronteras de la nación a influencias dispuestas a destruirla?” (ibíd., 254). Este extracto de citas permite ilustrar el giro ideológico que se fue concretando en los veinte años anteriores a 1930.

“Desde luego que la Argentina nunca perteneció al Imperio británico; pero la Argentina (…) era parte de Imperio extraoficial de Gran Bretaña” Ferns (op. cit., 485). Esta sagaz observación sintetiza mejor que nada nuestro mensaje sobre la exitosa apertura argentina del siglo XIX. El gran crecimiento no se debió a la extensión de la frontera agropecuaria, ni siquiera a la apertura comercial, sino a una relación largamente respetada que cimentó la amistad, el comercio y la inversión. El país se abrió en forma unilateral al comercio internacional, pero el Tratado de 1825 le permitió convertirse en un socio informal de una superpotencia e importar, por esta vía, disciplina económica. En más de un sentido, fue una experiencia similar a la que protagoniza México en la actualidad.

El abandono del Tratado no se debió, sin embargo, al generalizado clima a favor de una posición aislacionista y autarquista. La causa directa fue la Gran Depresión. Argentina no tomó la decisión de abandonarlo. Se resistió mucho a hacerlo pues presentía que no había nada mejor para reemplazarlo.

(Para leer las conclusiones globales de la serie de posts dedicados a las aperturas comerciales, haga click aquí.)

Referencias Bibliográficas

Amaral, S. (1993): “Del mercantilismo a la libertad: las consecuencias económicas de la independencia argentina.” L. Prados de la Escosura y S. Amaral (eds.): La independencia americana: consecuencias económicas. Alianza Universidad.

Altamirano, C. y B. Sarlo (1997): “La Argentina del centenario: campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos.” C. Altamirano y B. Sarlo: Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia. Ariel.

Berlinski, J. (2003): “International trade and commercial policy.” G. Della Paolera y Alan Taylor (eds.): A New Economic History of Argentina. Cambridge University Press.

Della Paolera, G., M. Irigoin y C. Bózzoli (2003): “Passing the buck: Monetary and fiscal policies.” Della Paolera y Taylor, op. cit.

Díaz Alejandro, C. (1975): Ensayos sobre la historia económica argentina. Amorrortu editores.

Ferns, H. (1966): Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. Ediciones Solar/Hachette.

FIEL (1989): El control de cambios en la Argentina. Ediciones Manantial.

Halperín Donghi, T. (2000): Vida y muerte de la República verdadera. Ariel Historia.

O’Rourke, K. y J. Williamson (1999): Globalization and history. MIT Press.

Salvatore, R. y C. Newland (2003): “Between independence and the golden age: The early Argentine economy.” Della Paolera y Taylor, op. cit.

Vázquez-Presedo, V. (1971): El caso argentino. EUDEBA.

Vázquez-Presedo, V. (1992): Auge y decadencia de la economía argentina (desde 1776). Academia Nacional de Ciencias Económicas.

4 Comments »

  1. Hola profesor. Ayer leí su post y hoy me levante pensando en apertura unilateral, bilateral o supranacional. Todavía me pregunto, si fuera posible formar parte de la Unión Europea, ¿seria esa nuestra mejor opción? A primera vista a mi me gusta.

    Andrés: Una seguidora del blog me escribió en 2007 un comentario que decidí publicar sobre la conveniencia de un ingreso argentino a la UE. Este es el link a dicho post, que incluye mi respuesta.

    Comment by Andres — marzo 1, 2008 @ 1:53 pm

  2. Sr. Ávila, creo que no es casualidad que una vez abandonada esta relación preferencial con Gran Bretaña la Argentina comenzó a transitar desde los años ’30 el camino hacia el proteccionismo y la decadencia. Fíjese también que durante el plazo que pudo durar esta relación con el Reino Unido la Argentina era uno de los países más pujantes del mundo, a tal punto que por aquella época en París se decía la frase "rico como un argentino". Creo que la próxima salvación para la Argentina, al estilo de lo que constituyó el Reino Unido para nosotros, será la firma de un TLC con Estados Unidos y la posterior entrada -una vez concretado- al ALCA o como se llame. Y ojalá que esa firma signifique el comienzo de otra era (pero de las buenas) para la Argentina.

    Comment by Andrés — marzo 1, 2008 @ 7:23 pm

  3. Estimado Profesor, luego de algun tiempo de ausencia del Blog (en el cual nunca deje de leerlo pero si de participar) queria hacerle mencion a un Post que encontre en "Cafe Hayek", el cual dice que Obama y Clinton quieren manejar a EE.UU. como lo hizo Peron con Argentina. Creo que esta parrafo continua con el siguiente periodo Argentino en el cual Ud. finaliza su cuarto Post.. "…In that country, Juan Peron-inspired labor syndicates and their bosses dominate the economy and work hand-in-glove with the state. Together they have ensured Argentina’s isolation from international commerce and investment, and a slow but steady decline in living standards…" De esta forma, si Clinton y Obama quieren destruir el North American Free Trade Agreement, no harian mas que cometer el mismo y triste error que nuestro pais cometio durante largos años (y todavia lo sigue haciendo), como Ud. bien lo indica en los 4 Posts. Ahora, Democratas, Kirchneristas, Radicales, quizas todo lo mismo da. Un gran Saludo. Sergio

    Comment by Sergio Rotondo — marzo 3, 2008 @ 10:29 pm

  4. Profesor, Le comento que ya tengo una abundancia de gráficos de todo tipo de data histórica que dentro de poco le voy a enviar. Me falta todavía comparar average tariff con exports e imports. El tema es que no tengo la data para average tariffs. Pero lo que si tengo es la data de recaudación de aduana. Si divido imports/recaudación de aduana no me daría un grafico similar al de average tariff? Lo mismo pregunto pero con exports/recaudación de aduana. Gracias.

    Andrés: Eso mismo hizo V-Presedo, entre otros.

    Comment by Andres — marzo 4, 2008 @ 8:24 pm

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