La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

febrero 19, 2008

Apertura argentina I

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 9:08 pm

Este post forma parte de una serie dedicada a la evaluación de algunas aperturas comerciales clásicas. Una férrea determinación nacional gobernó el caso chileno; el NAFTA jugó un papel decisivo en el caso mexicano; el rasgo distintivo del caso español fue su carácter supranacional y el del japonés, su carácter forzado.

Ahora voy a tratar el caso argentino; me refiero, desde luego, a la apertura comercial argentina del siglo de XIX, ya que en el XX los esfuerzos de apertura fueron tentativos e inconsecuentes. Como esta investigación es más extensa que las otras, voy a dividir su publicación en cuatro posts. El primero contiene una introducción y la primera mitad de una breve historia comercial. El segundo, la segunda mitad de la historia comercial. El tercero, un listado de hechos que cimentaron una percepción de irreversibilidad del giro hacia el comercio y la inversión extranjera. El cuarto, un listado de indicadores de la confianza que inspiraba el país entre 1862 y 1929 y un relato del papel del nacionalismo cultural y de sucesos externos en el retorno al proteccionismo.

Para leer las conclusiones globales de la serie de posts dedicados a las aperturas comerciales, haga click aquí.

 

El despegue económico argentino que se verificó en el último tercio del siglo XIX se debió a la suma de un acuerdo comercial con una potencia extranjera y un giro político decisivo. El acuerdo comercial antecedió en casi cuarenta años al giro político, reforzó una corriente de apertura incluso anterior a la Revolución de Mayo, pero no fue suficiente para encender por sí mismo el proceso de acumulación de capital en gran escala que sobrevendría a partir del giro político.

Según Ferns (1966, 154), en el siglo XIX “la República Argentina fue un Estado de libre cambio durante más tiempo que Gran Bretaña”. De acuerdo con Salvatore y Newland (2003, 20), “en el período que siguió a la independencia, la economía del Río de la Plata se transformó en una de las más abiertas del mundo”; Amaral (1993) confirma que después de la independencia hubo una importante liberalización comercial. Conforme a Díaz Alejandro (1975, 30), en el período 1860-1930 Argentina se “benefició con una mayor especialización según los términos generales de la ventaja comparativa, en contraste con Australia”. O sea que hay un juicio bien establecido en la literatura sobre la historia económica argentina en el sentido de que el nuestro fue un país bastante abierto al comercio internacional desde 1810.

El citado acuerdo comercial lleva el nombre de Tratado Anglo-Argentino de Amistad, Comercio y Navegación y fue ratificado por los gobiernos argentino y británico en 1825. El tratado “reflejó un equilibrio de fuerzas, tanto internas como internacionales” y el país “se fue desarrollando hasta ponerse a la altura del Tratado, que continuó siendo el fundamento legal del intercambio anglo-argentino hasta que en la década de 1930 se tornó al mercantilismo” (Ferns op. cit., 123 y 139). El giro político, a su vez, llegó con la victoria que obtuvo Mitre sobre Urquiza en la batalla de Pavón en 1861. Entonces, “se produjo un equilibrio de los intereses y casi de inmediato comenzaron a afluir capitales a la Argentina” (ibíd., 313). De esta forma, el giro político, en el contexto de un tratado que había ayudado a establecer una buena cantidad de comerciantes británicos en Buenos Aires, una tradición de comercio bilateral y de respeto de la vida y la propiedad británica en el Río de la Plata, además de un cierto conocimiento entre ambas naciones, determinó un punto de inflexión en materia de acumulación de capital, exportaciones y crecimiento del ingreso per cápita.

Con el propósito de fundamentar esta interpretación, sigue a) un repaso de la historia comercial argentina; b) un listado de hechos que contribuyeron a fijar una percepción de la irreversibilidad de la apertura argentina al comercio y la inversión extranjera; c) un listado de datos estadísticos que corrobora la notable confianza que llegó a despertar Argentina en los inversores, y d) una síntesis de las presiones ideológicas internas y las circunstancias externas que soportó la relación anglo-argentina hasta su quebrantamiento en la década de 1930, que sirve para denotar su reciedumbre.

 

Una elocuente frase tomada de la Historia de Belgrano de Bartolomé Mitre ayuda a definir la política comercial que rigió en el Río de la Plata hasta las reformas administrativas borbónicas de fines del siglo XVIII: “El sistema de explotación basado en el monopolio comercial, que España adoptó respecto de América casi inmediatamente después de su descubrimiento, tan funesto a la madre patria como a sus colonias, lo fue más aún para el Río de la Plata” (Amaral op. cit.). A causa de las restricciones que reducían la cantidad de puertos con los que el Río de la Plata podía comerciar a dos en España y tres en América, y al elevado costo de transporte, la complejidad administrativa y arancelaria y los precios de monopolio, el Río de la Plata sobrevivió olvidado y pobre durante dos siglos (Ferns op. cit., 17). La creación del Virreinato en 1776 y la sanción del Reglamento de Libre Comercio en 1778, más el ímpetu de la industria británica que buscaba mercados para sus tejidos en todos los confines del mundo, estimuló una pronta apertura comercial de la economía de la pampa bonaerense. En el último cuarto del siglo XVIII, tuvo lugar la típica revolución de precios relativos que acompaña a una sustancial liberalización del comercio internacional: cayó mucho el precio de las importaciones y subió mucho el de las exportaciones. Por ejemplo, el precio del hierro bajó de 15 pesos por quintal a 7,5; el del acero, de 55 pesos por quintal a 15, y el del coñac de 60 pesos a 24; en tanto que el precio de los cueros subió de 5-6 reales a 18-20 por quintal. (Tenga presente que entonces había práctica estabilidad de precios.) Las invasiones inglesas, pocos años después, redujeron mucho el precio de los artículos textiles. Por ejemplo, los de algodón cayeron de 2-2,75 reales por vara a 1,75 y los ponchos de 7 pesos a 3 por unidad (Ferns op. cit., 90).

La independencia puso punto final al intercambio dominado por un pequeño grupo de comerciantes españoles. Se abolieron las barreras arancelarias y no arancelarias al comercio exterior. Los comerciantes británicos ya no se vieron forzados a vender sus importaciones a los españoles. Y gracias al fin de las guerras napoleónicas, a una mejora de los términos de intercambio y a una rebaja del costo de transporte, la exportación per cápita se duplicó entre 1810 y 1825, ubicándose en un nivel bastante alto en comparación con el nivel observado en ese tiempo en países desarrollados (Salvatore y Newland op. cit., 21-22). El desarrollo de comercio exterior fue tan rápido y tan orientado a Gran Bretaña que ya en 1810-1815 el 54% de los cueros que importaba este país provenían del Río de la Plata, y en 1822 el 51% de las importaciones del Río de la Plata provenían de Gran Bretaña (Ferns op. cit., 91-92). Esta intensa relación comercial, y también financiera, condujo en febrero-mayo de 1825 a la aprobación en tiempo récord del Tratado Anglo-Argentino. El Tratado no concedía privilegios comerciales a los ciudadanos británicos; les garantizaba los derechos que ya se habían declarado para los ciudadanos argentinos, los eximía de prestar el servicio militar en las fuerzas armadas argentinas y les aseguraba tolerancia religiosa (Ferns op. cit., 138).

El Tratado gozaba del respaldo pleno del gobierno, los ganaderos y los comerciantes de la provincia de Buenos Aires. El primero, por la recaudación aduanera; los segundos, por el gran crecimiento de las exportaciones, y los terceros, por el auge de intercambio en general. La experiencia acumulada desde la sanción del Reglamento de Libre Comercio en tiempos coloniales les había revelado la capacidad de generación de riqueza que tenía la provincia en un contexto de libre cambio. Otras provincias ganaderas también respaldaban el Tratado; eran Santa Fe y Entre Ríos; en menor medida, Corrientes. Pero los gobiernos, los ganaderos y los artesanos de las restantes provincias del Interior no lo avalaban (Amaral op. cit., 204-205). En términos generales, la producción de estas provincias no era exportable y debía afrontar muy altos costos de transporte hasta los puertos del litoral.

La posición proteccionista del Interior ganó influencia a partir de la crisis y la depresión de 1830 (Amaral op. cit., 205). Rosas, ahora gobernador de la provincia de Buenos Aires y a cargo de la defensa y las relaciones internacionales de las provincias del Río de la Plata, hizo aprobar por la Legislatura en 1835 una ley arancelaria que beneficiaba a los intereses de las provincias del Interior. Era una forma de conciliar los intereses librecambistas de su provincia (y los suyos propios) con los del Interior. En su mensaje a la Legislatura destacó la necesidad de protección para la agricultura y las industrias nacionales. Ya no se podría importar productos similares a los que producía el Interior (artículos de hierro, bronce y hojalata, aperos, arreos de montar, ponchos, tejidos varios, objetos de madera y cierto número de productos de la agricultura). El trigo y la harina entrarían sólo si su precio superaba determinado nivel; otros artículos entrarían pagando aranceles que fluctuaban entre el 5% (máquinas, metales, carbón) y el 50% (fideos, cerveza, sillas de montar). La ley benefició a las industrias porteñas pero también a la producción de vinos de Cuyo, azúcar de Tucumán, tabaco de Salta y yerba mate de Misiones. Si esta ley contribuyó a cerrar la economía, los bloqueos francés (1838-1840) y anglo-francés (1845-1847) iban a cerrarla todavía más (Vázquez-Presedo 1992, 27). Un gráfico de Salvatore y Newland (op. cit., 21) avala la observación de Vázquez-Presedo. Las exportaciones per cápita (medidas en pesos plata), que habían permanecido hasta 1835 en el nivel alcanzado en 1825, con la excepción, por cierto, de la dramática reducción que motivó la guerra argentino-brasileña, declinaron a la mitad en 1840 y a un tercio en 1847. Luego aumentarían violentamente hasta duplicar en 1850 el nivel de 1825. Un ilustrativo párrafo de Ferns (op. cit., 142-143) también avala aquella observación: “En 1824 las exportaciones británicas al Río de la Plata alcanzaban a un monto superior al millón de libras. (…) Un cuarto de siglo después, en 1850, el valor de las exportaciones británicas a la Argentina era de menos de un millón de libras, (…) el término medio anual de exportaciones a la República Argentina podría estimarse en unas 700.000 libras”. A pesar de que el Tratado Anglo-Argentino no fue violado en el período, el comercio con Gran Bretaña permaneció estancado durante un cuarto de siglo.

La Constitución de 1853 incorporó el libre comercio dentro del régimen legal argentino. Pero el sistema sólo se convirtió en una realidad práctica durante la presidencia de Mitre, cuando se abolieron impuestos, exacciones y privilegios provinciales (aduanas interiores) a cambio de subsidios del Tesoro nacional. Estos eran, a decir verdad, una participación en la recaudación aduanera de Buenos Aires (Ferns op. cit., 328). La economía argentina exhibió mayor apertura en el período 1850-1875 que durante el régimen rosista (Vázquez-Presedo op. cit., 31). El referido gráfico de Salvatore y Newland confirma esta observación: las exportaciones per cápita, que tenían un nivel de 100 en 1825 y de 200 en 1850, ascendían a 300 en 1870.

(Sigue en Apertura argentina II.)

Referencias Bibliográficas

Amaral, S. (1993): “Del mercantilismo a la libertad: las consecuencias económicas de la independencia argentina.” L. Prados de la Escosura y S. Amaral (eds.): La independencia americana: consecuencias económicas. Alianza Universidad.

Altamirano, C. y B. Sarlo (1997): “La Argentina del centenario: campo intelectual, vida literaria y temas ideológicos.” C. Altamirano y B. Sarlo: Ensayos argentinos. De Sarmiento a la vanguardia. Ariel.

Berlinski, J. (2003): “International trade and commercial policy.” G. Della Paolera y Alan Taylor (eds.): A New Economic History of Argentina. Cambridge University Press.

Della Paolera, G., M. Irigoin y C. Bózzoli (2003): “Passing the buck: Monetary and fiscal policies.” Della Paolera y Taylor, op. cit.

Díaz Alejandro, C. (1975): Ensayos sobre la historia económica argentina. Amorrortu editores.

Ferns, H. (1966): Gran Bretaña y Argentina en el siglo XIX. Ediciones Solar/Hachette.

FIEL (1989): El control de cambios en la Argentina. Ediciones Manantial.

Halperín Donghi, T. (2000): Vida y muerte de la República verdadera. Ariel Historia.

O’Rourke, K. y J. Williamson (1999): Globalization and history. MIT Press.

Salvatore, R. y C. Newland (2003): “Between independence and the golden age: The early Argentine economy.” Della Paolera y Taylor, op. cit.

Vázquez-Presedo, V. (1971): El caso argentino. EUDEBA.

Vázquez-Presedo, V. (1992): Auge y decadencia de la economía argentina (desde 1776). Academia Nacional de Ciencias Económicas.

4 Comments »

  1. Este es un tema que vengo discutiendo recientemente en mi facultad. Hará 3 semanas el profesor se pasó 20 minutos elogiando un libro nuevo escrito por Ha-Joon Chang, "Bad Samaritans." El profesor nos abrevio la presentación de Ha-Joon Chang, quien vino a la universidad a publicitar su libro. Cuando le toco hablar de Latin America dijo que el continente creció un average 3% durante el periodo de import substitution de los 60-70s mientras que en el periodo siguiente (supuestamente periodo de liberalización) el porcentaje de crecimiento fue tan solo 1.5%. "Not Bad for the Protectionist Period" dijo Ha-Joon Chang cuando lo fui a ver. Yo me quede callado porque no había necesidad de empezar una discusión. Pero tomar dos décadas fuera de contexto y generalizar todo Latino América dentro de la misma bolsa fue un tanto atrevido. En clase si, levante la mano y le comente al profesor que yo soy de Argentina y que los 60-70s no podrían ser descriptos como un boom económico y que además serian anémicos cuando comparados con el periodo de libre comercio en el siglo 19. El profesor me mando a leer la verdadera historia económica mundial y no solo un punto de vista. Ahí fue cuando empecé a investigar mas sobre el tema, y bueno, este proyecto de usted viene como anillo al dedo. Gracias por el esfuerzo y saludos.

    Andrés: Muchas gracias. Espero tu comentario global sobre esta serie de posts relativa a la apertura argentina del s. XIX. Me gustaría saber si te resulta clara la exposición y, en especial, la hipótesis que pretendo probar.

    Comment by Andres — febrero 20, 2008 @ 5:50 am

  2. Esta primer parte se comprendió perfectamente. Tenga en cuenta por favor cuando argumente por free-trade que en el corazón del argumento contrario (proteccionista) se encuentra la creencia ferviente en la superioridad de la industria pesada sobre los commodities para generar valor agregado ‘y por ende’ mayores riquezas. Este es un punto muy importante en el mundo de hoy donde hay muchas mas manufacturas que en el siglo 19. Es un punto que surge siempre y donde la gente cita ejemplos como el Japonés con Toyota, o Korea con Samsung. Para que el argumento este completo es necesario explicar que paso en los países asiáticos, si fue o no el proteccionismo la razón de su éxito, y porque ese plan podría funcionar o no en sur-América. En cuanto a Japón le recomiendo el Libro "Can Japan Compete?" (2000), donde se desmitifican muchas de las preconcepciones sobre el éxito Japonés. En cuanto al caso específico de Argentina una de las preguntas que surgen en clase como contra-ataque es el tema del empleo y la distribución del ingreso. Ese seria un punto que anticipar en cualquier ensayo de este tipo. Cuando cito el PBI per capita la contra resalta que este no es un medidor justo de distribución de ingreso. Espero haber sido de ayuda, por más mínima que haya sido. Gracias y saludos.

    Andrés: Gracias por tu nuevo comentario. A un proteccionista convencido es imposible convencerlo de nada que contradiga su fe. De todas formas, en posts anteriores examiné las aperturas contemporáneas de Chile y México, incluyendo el impacto que ejercieron sobre el ingreso per cápita, el salario real, el desempleo y, en el segundo caso, la distribución del ingreso nacional. Los resultados son bastante buenos. Pero el punto que me preocupa no es ése, sino qué tipo de apertura es más eficiente: la unilateral, la bilateral o la supranacional.

    Comment by Andres — febrero 21, 2008 @ 2:14 am

  3. Jorge, muy interesante el tema de tu ensayo y tu argumento. Lo que sigue es mi primera reacción. Tú dices al establecer tu hipótesis principal: “El despegue económico argentino que se verificó en el último tercio del siglo XIX se debió a la suma de un acuerdo comercial con una potencia extranjera y un giro político decisivo.” Mis comentarios respecto a la primera parte de tu ensayo se descompone en lo siguiente*: Variables omitidas: En tu hipótesis, el despegue económico es la variable dependiente y tu indicas en realidad una sola independiente. Yo pienso que son varias las variables independientes. Me parece que darlo casi todo el peso explicatorio a una sola variable (acuerdo bilateral de libre comercio con una potencia extranjera) te crea un problema de especificación incorrecta del modelo (variables omitidas) En mi opinión las variables significativas que están omitidas son las siguientes: Adaptacion de cambio tecnológico: Luego de poner todas las variables en un modelo de “growth accounting” te quedaría seguramente un residual muy importante debido al cambio tecnológico de la época. (ejemplo: el significativo cambio tecnológico del saladero a las carnes “chilled” y luego al congelado). Argentina supo hacer propio el cambio tecnológico de la epoca (comparemos con la política económica actual que le impone un impuesto importante a la importación de computadoras). Capital Humano. Creo que la variable omitida más importante es el aumento en el capital humano debido a dos causas y gracias a tu comprovinciano: Sarmiento. Una razón de aumento del capital humano fue el extraordinario flujo de inmigración (comparemos la calidad de la inmigración de esa época con la actual). La otra razón fue la enorme inversión en educación por parte del gobierno del Sanjuanino. Una escuela Nacional en cada capital de provincia, escuelas normales para entrenar nuevos maestros y adiciono10,000 escuelas públicas (comparar con la actual política educacional da una pena enorme). Transporte: También Sarmiento, continuo lo que iniciara Mitre respecto a los ferrocarriles. Hizo una muy sabia inversión en infraestructura “caminos de hierro” (FF.CC.) que lo habían impresionado muchísimo en su viaje a los EE.UU. Seguramente, en un país de enormes distancias como la Argentina y de masivos envíos a la GB tuvo una tasa de retorno muy alta contribuyendo al despegue económico Argentino (veamos la actual política que invierte muy poco y mal: quien calculo la tasa de retorno de los trenes de alta velocidad?) Comunicaciones: También Sarmiento desarrollo un importantísima infraestructura de oficinas postales a la vez que invirtió en telégrafos. Todo ello implico para aquella Argentina lejana una revolución de las comunicaciones similar a la actual del Internet que no puede ser ignorada. Estas oficinas también recibían depósitos, recordar la “caja de ahorro postal”. (las inflaciones destruyeron todo eso). Fortalecimiento institucional: En el plano institucional Sarmiento fortaleció todas las instituciones jurídicas, y lo que hoy se llama el “business environment” (quien cree en las instituciones actuales? Quien cree en los jueces y en la Suprema Corte?) Espero que estos comentarios te sean útiles a la vez que te felicito por ocuparte, en soledad, por estos apasionantes temas. Valeriano *Referencia: Sarmiento: Author of a Nation, Halperin Donghi, I.G.Kirkpatrick y F. Mansfield, editors, en particular el capitulo de Roberto Cortes-Conde.

    Valeriano: Muchas gracias por tu interesante y extenso comentario. No creo haber omitido variables significativas. Cuando leas los tres posts que siguen a éste, notarás que presté atención a los aspectos institucionales, políticos, económicos e internacionales que determinaron la caída del riesgo-argentino y el auge de la inversión externa en grandes áreas como FFCC, bancos, tranvías, gas, etc. La apertura comercial no fue determinante del auge. Esto es lo primero que descubrí. Si hubo un hecho determinante, este fue el Tratado anglo-argentino, puesto que cimentó la confianza necesaria entre Gran Bretaña y Argentina para estimular la afluencia al país de capital, de tecnología y de recursos humanos indispensables (ingenieros, inversores y comerciantes). Me inclino a creer que la educación y los inmigrantes son variables endógenas; o sea, variables que son una consecuencia del boom inversor en vez de sus causas. Y creo que la especial relación anglo-argentina fue el factor catalítico que hizo posible el boom. Espero que este mensaje te quede más claro después de leer el ensayo completo.

    Comment by Valeriano Garcia — marzo 1, 2008 @ 12:01 pm

  4. Jorge, sin haber leido tu ensayo completo me atrevo a decir que tu teoria se aplicaria al despegue economico Español despues de la entrada de España a la comunidad Europea (similar al tratado anglo-argentino de la epoca). A raiz de la entrada de España a las "comunidad" ella quedo anclada a Alemania y su riesgo pais bajo significativamente, atrayendo inversion externa y facilitando la interna.

    Valeriano: Diste en el clavo. Si bien el "tratado" por el cual España ingresó a la UE es mucho más amplio que el Tratado anglo-argentino. El primero abarca comercio de mercaderías y servicios, libre movilidad de capitales y de trabajo y una unificación monetaria y hasta bancaria. De todos modos, ambos generararon una similar percepción de irreversibilidad del giro político-económico a favor de la apertura. Hace tiempo publiqué un post sobre España que te puede interesar. La apertura española es fas-ci-nan-te.

    Comment by Valeriano Garcia — marzo 3, 2008 @ 3:00 pm

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