La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

febrero 9, 2006

Importación de Instituciones

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 8:06 pm

Introducción

Creo que conozco una posible causa de la declinación argentina desde 1930. La adiviné de golpe, a los pocos días de caminar por las calles de Sydney, de leer los diarios y de ver la televisión australiana. Tradicionalmente se ha atribuido nuestra declinación a la lejanía de Europa, a la juventud de la nación organizada o al agotamiento de la frontera agropecuaria, entre otras restricciones o desventajas. Pero cuando se piensa el tema a la luz del enfoque del riesgo-país y del enfoque histórico-institucional de D. North, no hace falta un gran salto de imaginación para entender que el origen de la declinación argentina es una insuficiencia institucional. En mi viaje a Australia registré estas observaciones: a) las monedas llevan la efigie de la reina Isabel de Inglaterra; b) el Parlamento aprueba leyes que se aplican una vez que las firma el gobernador general, que es un ciudadano británico designado por la reina; c) aunque las colonias australianas se independizaron de Gran Bretaña en 1901, la moneda nacional continuó siendo la libra esterlina hasta 1910, y desde entonces hasta principios de la década de 1960 rigió una convertibilidad, después un tipo de cambio fijo con respecto a la libra y después un tipo de cambio fijo con respecto al dólar; d) desde el siglo XIX hasta la década de 1960, en Australia rigió un régimen de comercio preferencial (o especie de acuerdo de libre comercio) con Gran Bretaña; e) en la primera guerra mundial, Australia mandó 330.000 soldados al frente europeo, murieron 60.000 y volvieron lisiados o heridos 150.000; la misma política de defensa exterior fue seguida en la segunda guerra mundial (Meredith y Dyster 1999, III, V y X). Estas pocas observaciones informan que durante gran parte de la historia australiana las políticas monetaria, arancelaria y de relaciones exteriores fueron irreversibles. Asimismo, informan que este carácter irreversible se debía al hecho de que Australia era miembro nato de un gran club, el commonwealth británico, cuya primacía política y económica fue incuestionable hasta cerca de 1930. En razón de su pertenencia a un gran club, al que ingresó sin proponérselo, el riesgo-australiano era similar al riesgo-británico y para los inversores era tan poco riesgoso hundir capital en Sydney como en Manchester, a pocos kilómetros de Londres. En aquel país los economistas y la prensa no hablan de milagro económico para referirse al proceso de rápida convergencia del ingreso per cápita australiano en el ingreso per cápita británico. Hasta donde llega mi conocimiento, tampoco en la literatura sobre la historia económica de EEUU se encuentran referencias en tal sentido. North (1966) afirma que EEUU comenzó su despegue económico en las últimas décadas del siglo XVIII y que ya antes de la Guerra de Secesión el país formaba parte de la vanguardia económica mundial.

Según North y Thomas (1973, X-XII), Holanda fue el primer experimento capitalista de Occidente. Hace 400 años, definió el derecho de propiedad de la tierra, que hizo posible la compra-venta con seguridad jurídica del principal recurso de producción de entonces, y por primera vez el ingreso por habitante creció en forma sostenida. Hace 300 años, Inglaterra importó de Holanda el derecho de propiedad de la tierra, agregó el derecho de propiedad intelectual y creó tribunales de justicia independientes que hicieron posible que los grandes comerciantes e industriales pudieran recuperar el dinero que le habían prestado a la Corona sin perder la vida en el intento. Los resultados fueron innovaciones tecnológicas en vapor y transporte marítimo, la creación del principal mercado de capitales del mundo y el inicio de una tendencia de continuo crecimiento del ingreso per cápita. Hace unos 200 años, EEUU, Canadá, Australia y Nueva Zelanda heredaron de Gran Bretaña tal conjunto de instituciones económicas, además del imperio de la ley y formas democráticas de gobierno. El desarrollo económico de estos países no asumió para nadie el carácter de un milagro; fue simplemente el resultado previsible de la aplicación hereditaria del referido conjunto de instituciones en espacios nuevos, vacíos y con grandes riquezas naturales.

El analista político R. Fraga capturó el mensaje de Ribas (2000) acerca del milagro argentino del siglo XIX con la siguiente frase: "su argumento es que el milagro económico se debió a que la Argentina fue el único país no anglosajón que adoptó las instituciones anglosajonas". Según Ribas, la organización nacional consistió sobre todo en la sustitución de la ley de Indias por lo que se conoce en el derecho anglo-americano por the rule of law. Tal cosa implica fijarle un límite al poder político a través de la Constitución y la acción de la Corte Suprema a fin de evitar que se violen los derechos individuales a la vida, la libertad, la propiedad y ‘la búsqueda de la propia felicidad’ (libre empresa). Este cambio de filosofía política se materializó en la creación de una república y en la consolidación del Tratado Anglo-Argentino de Amistad, Comercio y Navegación con Gran Bretaña. Cayó el riesgo-argentino y el ingreso per cápita argentino aumentó de un 30% del ingreso medio de Australia, Gran Bretaña y EEUU en 1880 a un 90% en 1905. Nuestro país pasó así de la retaguardia a la vanguardia económica mundial en una sola generación (Ávila 2000, III).

I. Alberdi y el Costo de Repudio

Hay dos caminos para el desarrollo económico: el autónomo y el ‘milagroso’. El último reconoce dos variantes: copia de instituciones e importación de instituciones. Holanda, Gran Bretaña y, en buena medida, EEUU son los mejores ejemplos del camino autónomo. Los dos primeros países generaron instituciones eficientes y estables después de siglos de prueba y error. Japón, luego de la segunda guerra mundial, Argentina, a fines del siglo XIX, y España, en la actualidad, son probablemente los mejores ejemplos del camino milagroso. Japón y Argentina combinaron instituciones copiadas e importadas. Bajo el protectorado de EEUU, Japón selló su política de defensa hasta la actualidad y adoptó la organización democrática y capitalista occidental (Kikuchi 1993, 107-151). A su vez, Argentina creció vertiginosamente gracias a una elección consciente de un grupo de hombres que alcanzó el poder después de Caseros. Nuestro país importó la institución del libre comercio y copió con variantes las restantes grandes reglas políticas y económicas. Por último, España es un maravilloso ejemplo de importación pura de instituciones.

La diferencia entre copia e importación de instituciones estriba en el costo del repudio. El abandono de un patrón dólar (convertibilidad), una institución copiada, tiene un elevado costo económico interno pero ninguno externo pues constituye una adhesión unilateral. Por el contrario, el repudio de un tratado de libre comercio con una superpotencia (Nafta en el caso de México o Unión Europea, en el de España), una institución importada, sumaría al costo económico interno el aislamiento internacional.

El milagro argentino del siglo XIX no pretendió ser producto exclusivo de la copia de instituciones anglosajonas. Hay un aspecto crucial del milagro que cabe rescatar. Se refiere a la necesidad de subordinar la Constitución y las principales instituciones económicas a acuerdos superiores con las grandes potencias de la época. Juan Bautista Alberdi argumentó repetidamente en este sentido. En el pasaje que sigue, Alberdi tiene in mente a Urquiza, jefe de la Confederación Argentina, y a los futuros constituyentes de 1853:

"Firmad tratados con el extranjero en que deis garantías de que sus derechos naturales de propiedad, de libertad civil, de seguridad, de adquisición y de tránsito, les serán respetados. Esos tratados serán la más bella parte de la Constitución; la parte exterior, que es llave del progreso de estos países, llamados a recibir su acrecentamiento de fuera. Para que esa rama del derecho público sea inviolable y duradera, firmad tratados por término indefinido o prolongadísimo. No temáis encadenaros al orden y a la cultura.

Temer que los tratados sean perpetuos es temer que se perpetúen las garantías individuales en nuestro suelo. El tratado argentino con la Gran Bretaña ha impedido que Rosas hiciera de Buenos Aires otro Paraguay.

Los tratados de amistad y comercio son el medio honorable de colocar la civilización sudamericana bajo el protectorado de la civilización del mundo." (Alberdi 1998a, XV, 64 y 65.)

En los próximos dos pasajes, Alberdi dice explícitamente que el impacto económico de la Constitución depende de tratados internacionales irreversibles y que la política económica empieza por la política exterior.

"Pero la Constitución irrevocable por la ley orgánica podía ser derogada por otra Constitución en punto a libertad de navegación y comercio, como en otro punto cualquiera. Para salvar la libertad comercial de todo cambio reaccionario, el art. 27 de la Constitución ha declarado que ‘el Gobierno federal está obligado a afianzar sus relaciones de paz y comercio con las potencias extranjeras, por medio de tratados que estén en conformidad con los principios de derecho público establecidos por esta Constitución’." (Alberdi 1998b, primera parte II, 45.)

"En países como los nuestros, en que la guerra civil es crónica, … no hay más medio eficaz y serio de asegurar la industria, la persona y la propiedad, que por estipulaciones internacionales, en que el país se obligue a respetar esas garantías, en la paz lo mismo que en la guerra."

"En efecto, el sistema económico de la Constitución Argentina debe buscar su más fuerte garantía de estabilidad y solidez en el sistema económico de su política exterior, el cual debe ser un medio orgánico del primero, y residir en tratados de comercio, de navegación, de industria agrícola y fabril con las naciones extranjeras. Sin esa garantía internacional la libertad económica argentina se verá siempre expuesta a quedar en palabras escritas y vanas.

No vacilo, según esto, en creer que los tratados de la Confederación, celebrados en julio de 1853 con Francia, Inglaterra y los Estados Unidos, son la parte más interesante de la organización argentina, porque son medios orgánicos que convierten en verdad práctica y durable la libertad de navegación y comercio interior para todas las banderas, que encerrada en la Constitución habría quedado siempre expuesta a ser derogada con ella. El día que la Confederación desconozca que esos tratados valen más para su riqueza y prosperidad que la Constitución misma que debe vivir por ellos, puede creer que su suerte será la misma que bajo el yugo de los reyes de España y de los caudillos como Rosas." (Ibíd., primera parte III, 101 y 102.)

Por último, en este pasaje Alberdi demuestra plena conciencia del fenómeno del riesgo-país:

"Se deben hacer tratados que rodeen de igual inmunidad todo banco, todo ferrocarril, canal, muelle, fábrica, en que flote una bandera de la nación amiga a que pertenezca el que explota esas industrias, ejerciendo un derecho civil que ha consagrado la Constitución, y que deben garantizar los tratados en favor de los capitales extranjeros. Será ése el único medio de colocarlos al abrigo de los peligros de la guerra civil inacabable; es decir, de atraerlos del extranjero, de fijarlos en el país, y de obtener la baja del interés por la disminución de los riesgos que hacen subir al interés." (Ibíd., segunda parte III, 156.)

Resulta evidente que para Alberdi la fase última y superior del ordenamiento jurídico del país era la subordinación voluntaria de la legislación nacional a un conjunto de reglas y pactos supranacionales cuyo repudio fuera muy costoso, pues de esta forma la Constitución y las reglas económicas básicas serían irreversibles en la práctica. Alberdi escribió que los pactos supranacionales son civilizadores, puesto que el incentivo a cumplirlos es grande y porque toda sociedad que cumple sus pactos es civilizada según la máxima romana.*

La misma necesidad de un acuerdo con la potencia hegemónica de su tiempo histórico percibió Federico Pinedo apenas unos años después del quebrantamiento de la sociedad de hecho que había tenido el país con Gran Bretaña. A raíz de un viaje a EEUU entre junio y septiembre de 1941, en el que tomó conciencia de que el eje del mundo se había desplazado de Londres a Nueva York, Pinedo declaró al diario La Nación lo siguiente:

"Después de una gira por los Estados Unidos vuelvo a la Argentina profundamente convencido de la necesidad de promover en todas las formas posibles nuestro acercamiento hacia esa nación maravillosa. Los Estados Unidos no son un país; forman un mundo rico, próspero, culto, progresista y emprendedor para el cual está abierto el camino al futuro." (Castro 2001.)

Australia nació dentro de un gran club que definió por ella reglas básicas de conducta en materia monetaria, arancelaria y exterior. El repudio del Commonwealth era impensable; el riesgo-australiano era insignificante; Australia fue desde el principio un país civilizado y de alto ingreso per cápita pese a estar ubicada 7.000 millas más lejos de Londres, de haberse poblado 250 años más tarde y de haber experimentado parecido agotamiento de su frontera agropecuaria que Argentina (Maddison 1991, I; Meredith y Dyster op. cit., III, 60). España es un maravilloso ejemplo contemporáneo del beneficio económico de la irreversibilidad institucional. Después de cuatro siglos de declinación y con los mismos recursos naturales, en los últimos 25 años España ha dejado de ser una ballena anclada en los Pirineos para convertirse en un polo de atracción de emigrantes y capitales. ¿Qué cosa cambió? Su infraestructura institucional, que importó del mundo avanzado. Entró en la OTAN, entró en la Unión Europea y adoptó el euro en reemplazo de la peseta. En otras palabras, definió su política exterior, instauró el libre comercio con Francia, Alemania, Italia y los otros miembros de la Unión Europea y adoptó una unidad de cuenta estable (Estefanía 1998). Adquirió institucionesirreversibles y su ingreso per cápita se acercó en la década de 2000 a 28.000 dólares por año.

II. Internacionalización y Provincialización

La singular experiencia australiana, la experiencia argentina mixta de fines del siglo XIX y la presente experiencia española de importación pura de instituciones, sugieren una fórmula de crecimiento económico: asociar el país a un gran club que lo obligue a comportarse de manera civilizada en ciertas áreas de importancia clave: moneda y banca, política comercial y política exterior. La idea es importar del club aquellas instituciones fundamentales que el país no ha podido desarrollar por cuenta propia y que no involucran un cercenamiento de la soberanía política. Copiar instituciones en forma aislada, no importa cuán exitosas sean en los países avanzados, ha probado no ser conveniente pues el riesgo de reversión es grande. Después de 80 años de volatilidad y decadencia, cabe reconsiderar la fórmula de Alberdi: que Argentina se asocie a la superpotencia de la época.

Ejemplos de importación de instituciones son: a) firmar un tratado de libre comercio con EEUU, UE, Japón y otras grandes economías a fin de estabilizar la política comercial argentina; b) emplear el dólar norteamericano o el euro como moneda propia a fin de tener una unidad de cuenta estable y c) poner a la banca comercial bajo jurisdicción internacional a fin de evitar eventuales pánicos bancarios. Una institución económica importante como el federalismo fiscal no es, obviamente, susceptible de importación. Demanda lo opuesto: una descentralización o provincialización de la recaudación impositiva. Una posible solución para la incertidumbre creada por las finanzas públicas nacionales desde la década de 1930 consiste en devolver a las 24 jurisdicciones provinciales la autonomía fiscal y así licuar, por lo menos en parte, la influencia desestabilizadora del populismo que cada tanto se apodera del gobierno nacional.

Una vez adoptadas, ¿son realmente irreversibles la dolarización, la banca offshore y un TLC con EEUU? La dolarización podría ser declarada ilegal por otro gobierno y el público obligado a realizar todas las transacciones (grandes y pequeñas, comerciales y financieras, oficiales y privadas) con la moneda nacional que se emita. Pero en tal caso las tenencias de dólares del público quedarían a salvo del eventual impuesto inflacionario que sufriría la nueva moneda nacional. Lo mismo puede decirse con respecto a los depósitos offshore. Otro gobierno podría declararlos ilegales y el público obligado a hacer sus depósitos en la renacida banca onshore. Pero no habría poder en la Tierra capaz de forzar la repatriación de esos ahorros. Ahora bien, como el fin primario de la reversión es confiscar y transferir parte del stock existente en circulante y depósitos desde sus tenedores originales a otros sectores de la sociedad, y dado que tal confiscación es imposible con dolarización y banca offshore, cabe inferir que el incentivo a la reversión sería mínimo. En cuanto a la salida del TLC, las ventajas de orden político, comercial y financiero de una asociación a un gran club son tan grandes que sería necesaria una fuerte conmoción mundial para provocarla. Considere que Argentina recién abandonó su tácita sociedad con Gran Bretaña después de una secuencia excepcional de adversidades: la primera guerra mundial, que cortó las rutas de exportación de un país que despachaba al exterior un 40% de su PBI; la revolución bolchevique y el surgimiento del nazi-fascismo, que cambiaron dramáticamente el clima ideológico mundial, y la gran depresión, que puso en duda la viabilidad del capitalismo.

III. Conclusiones

El propósito de importar instituciones es reducir en forma permanente el riesgo-argentino, estimular la acumulación de capital y aumentar el ingreso per cápita a un nivel cercano al ingreso medio de los países avanzados, y transformar a este país en una potencia política, económica y sobre todo cultural en América del Sur. El camino alternativo a la importación de instituciones es la creación de instituciones de cuño propio, a la manera anglosajona, o la copia de instituciones de países avanzados, a la manera argentina del siglo XIX. Pero la creación de instituciones puede ser un camino azaroso y la copia de instituciones puede ser un camino reversible, por un par de motivos. El primero son las restricciones informales que North (1990) identificó en países atrasados y que obstaculizan la adopción de aquellas instituciones que promueven el crecimiento en países líderes (pautas culturales y actitudes sociales que inhiben la acumulación de capital). El segundo es la gran cantidad de años que demanda la creación de instituciones propias o bien el arraigo de instituciones copiadas. Por ejemplo, la creación de una moneda propia insumiría una generación y es probable que el día que la tengamos el mundo se haya globalizado y funcione con tres o cuatro monedas. ¿Cuál es el beneficio de tener una moneda propia? ¿Mover a gusto el tipo real de cambio? Es bien sabido que esta variable no puede alterarse permanentemente por una devaluación. ¿Cuál es el costo de tener una moneda propia? El riesgo de no tener una unidad de cuenta estable durante una o varias generaciones. ¿Cuál ha sido la principal causa de la declinación nacional desde 1930? Justamente, la falta de una unidad de cuenta estable. De igual manera se puede argumentar respecto de una apertura comercial unilateral o de un mercado común con un país cerrado, inestable y relativamente pequeño como Brasil, o sobre la recreación de una banca tradicional cuya estabilidad depende de la asistencia de un prestamista de última instancia que no existe. Ambos caminos corren el riesgo no menor de una reversión. En cambio, la importación de instituciones neutraliza el efecto negativo de las restricciones informales de North por medio de la creación de un potente incentivo a cumplir las reglas del gran club, y sus efectos económicos son casi inmediatos aun cuando la importación sea progresiva. ¿A cuánto ascendería el costo para España de abandonar el euro o de gravar las importaciones del resto de la UE, en suma, de salirse de la UE? A un nivel tan alto que el abandono de la UE es impensable y de probabilidad cero a todo efecto práctico.

Referencias Bibliográficas

Alberdi, J. B. (1998a): Bases. Ciudad Argentina. (Reimpresión de la edición original de 1852.)

Alberdi, J. B. (1998b): Sistema Económico y Rentístico. Ciudad Argentina. (Reimpresión de la edición original de 1854.)

Ávila, J. (2000): Riesgo-Argentino & Performance Macroeconómica. U. del CEMA.

Castro, J. (2001): Vigencia de la Visión Estratégica de Federico Pinedo. Nueva Mayoría Editorial, marzo. (Cuaderno número 423.)

Estefanía, J. (1998): “La Larga Marcha”. El País. Madrid, domingo 3 de mayo.

Kikuchi, K. (1993): El Origen del Poder (Historia de una Nación Llamada Japón). Editorial Sudamericana.

Maddison, A. (1991): Dynamic Forces in Capitalist Development (A Long Run Comparative View). Oxford University Press.

Meredith, D. y B. Dyster (1999): Australia in the Global Economy (Continuity and Change). Cambridge University Press.

North, D. (1966): The Economic Growth of the United States 1790-1860. W. W. Norton & Company.

North, D. (1990): Institutions, Institutional Change and Economic Performance, Cambridge University Press.

North, D. y R. Thomas (1973): The Rise of the Western World (A New Economic History). Cambridge University Press.

Ribas, A. (2000): Argentina 1810-1880 (Un Milagro de la Historia). VerEdit S.A.


* La civilización para los romanos no consistía en saber leer y escribir, hablar idiomas y tocar la lira, sino en el cumplimiento de los pactos. Es decir, la civilización consiste en el cumplimiento de contratos sociales que coordinan y bajan los costos de transacción (incertidumbres) de los negocios privados. Alberdi pensaba como los romanos; Sarmiento, por su parte, identificaba a la civilización con la educación; esta es una diferencia de fondo que los separó. (Ribas 2000, I, 28.)

9 Comments »

  1. Jorge: Excelente Post. Recien hoy pude terminar de leerlo completo. Tengo algunas dudas (pido perdón de antemano). Creo que puede funcionar (para un pais como Argentina, en el que viven argentinos). Dolarizar para mantener una unidad de cuenta estable, pero ¿Vos crees que las Inversiones y los Ingresos por Exportaciones (de Comodities y de Productos de V.A.) pueden tener el suficiente efecto multiplicador como para movilizar la economia, generar empleo, disminuir la pobreza, etc.? O sea, creo que primero habria que llevar a la situacion actual a un estado de "cuasi-dolarizacion" (seria algo asi como la Convertibilidad de los ´90), en el que logremos alcanzar un nivel de PBI per capita aceptable, niveles de desempleo bajos y poca pobreza. Veo claramente (creo) los beneficios, pero no imagino como aplicarlos a la Argentina. Una gran ventaja seria la eliminacion de la Inflacion, y creo se solucionaria en parte el problema. Tambien pienso que una apertura de la economia ayudaria para mejorar la situacion de Ingreso de Capitales, y mejoramiento de Exportaciones. El problema es que hoy Argentina no cuenta con industrias (y servicios) para Exportar y generar entrada de divisas, solamente vendemos comodities, y luego compramos el producto final mas caro. Creo que tendriamos que ver como incentivar primero, ese tipo de inversiones. Gracias por tu tiempo. Ramiro.

    Ramiro: Gracias por tu comentario. Tus interrogantes son muchos; me resulta casi imposible contestarlos ahora. En la sucesión de posts que publiqué desde febrero encontrarás respuestas para la mayoría de ellos. Por cierto, creo que instituciones irreversibles (dentro de lo humanamente posible), tales como la circulación interna de una moneda de reserva internacional y una banca globalizada, el libre comercio con grandes potencias como EEUU y UE y un federalismo fiscal como el descripto en este post son indispensables para que el PBI por habitante crezca en forma sostenida, lo mismo que las exportaciones, cuya expansión te asombraría.

    Comment by Ramiro — agosto 29, 2006 @ 2:36 pm

  2. Jorge: la importación de instituciones es lo que necesita Argentina para salir de su crónica decadencia. Por más que las razones del fracaso nacional se expliquen en razones culturales, en mayor o menor medida, o porque en la sociedad haya valores resistentes al desarrollo, un acuerdo supranacional al estilo Unión Europea nos obligaría a llevar a cabo reformas estructurales liberalizadoras si queremos formar parte de ese acuerdo. En el caso del continente americano, ese acuerdo se puede lograr a través de una hipotética Área de Libre Comercio de las Américas, aunque el primer paso para estar sujetos a reglas institucionales del primer mundo pasa por un TLC con Estados Unidos. Jorge, yo estoy seguro de que ese acuerdo supranacional al cual se sumaría Argentina, aún cuando seamos anti-capitalistas o anti-modernistas, a la larga nos beneficiaría. Y un acuerdo de estos evitaría que de un día para el otro nos despertemos de nuestras camas con un gobernante borracho que en medio de su "borrachera" toma medidas grandilocuentes y demasiado desastrosas, como por ejemplo la confiscación de las empresas extranjeras.

    Andrés: Mejor dicho, imposible. Me alegro mucho de que hayamos convergido en la misma visión del problema argentino. Pronto, en cuanto logre concentrarme (estoy de vacaciones), voy a publicar un post sobre la apertura española. Esta experiencia es una demostración cabal de la validez del argumento a favor de la importación de instituciones.

    Comment by Andrés — enero 4, 2007 @ 5:42 pm

  3. Meir Zylberberg publicó el año pasado un libro titulado "Las raíces totalitarias del fracaso argentino", el cual recomiendo; en donde el autor afirma, entre otras cosas, que la causa del fracaso argentino radica en el abandono de la civilización de la moneda metálica y el castigo progresivo al éxito. Es más, Zylberberg dice que la creación del Banco Central consolidó el subdesarrollo (en realidad no lo dice tal cual lo escribo acá) en base al modelo corporativo-fascista. En el capítulo 5 de dicho libro, Zylberberg da una serie de soluciones al problema argentino, entre las cuales figura esta: "El Banco Central lleva ya 30 años de sobre vida, respecto a los cuarenta que le fijó la carta orgánica original. Cumplida con creces su obra demoledora, no queda otro camino que disolverlo. Esto, equivale a transferir todo lo referente a moneda, crédito, bancos, cambios y tasas de interés a la esfera del Derecho Comercial y al control incorruptible de la libre competencia y la responsabilidad individual." (capítulo 5, página 157) Mi pregunta es la siguiente: Como alternativa a la dolarización (o "eurización"), ¿Se puede aplicar esa propuesta de Zylberberg? ¿O es mejor dolarizar?

    Andrés: Para responderle, primero debería contarme en qué consiste el sistema monetario y bancario que propone Zylberberg. El extracto del libro de Zylberberg suena de maravillas, pero cómo exactamente reemplazaría al BCRA.

    Comment by Andrés — abril 19, 2007 @ 5:34 pm

  4. En realidad, Meir Zylberberg no habla mucho en su libro de la propuesta que formula en el capítulo 5. Apenas la menciona. Sobre Meir Zylberberg, en este link el autor del libro "Las raíces totalitarias del fracaso argentino" se expresa de manera casi similar a como lo hace en su libro: http://www.cekd.com/english/news/files04122002/Las_Causas_Silenciadas_del_Colapso_Arg.pdf

    Comment by Andrés — abril 20, 2007 @ 3:56 pm

  5. Sr. Ávila, respecto a la dolarización o eurización, la propuesta de Martín Krause de adoptar el peso argentino oro como moneda nacional, ¿Es una alternativa válida a la adopción del dólar como moneda? ¿O es preferible dolarizar o eurizar lisa y llanamente? Link: http://www.elchenque.com.ar/artdoc/2002/a-pesoaroro.htm. Bonus track: http://www.lanacion.com.ar/economia/nota.asp?nota_id=903310.

    Andrés: Para responderse esa pregunta sólo tiene que preguntarse cuán reversible sería el peso oro, una moneda bajo jurisdicción argentina. La adopción del dólar (o del euro) es, por supuesto, reversible. Pero habrá leído en el post que una reversión (una re-pesificación), aparte del descrédito internacional ocasionado por el repudio de una unión monetaria con una superpotencia, no permitiría licuar el circulante ni los depósitos previamente constituídos en dólares (euros). Por esto creo que la adopción del dólar (euro) como moneda propia es una alternativa menos reversible y superior. En contraste, el abandono del peso oro sería fácil; el circulante y los depósitos denominados en esta moneda serían licuados olímpicamente, aun cuando la ley lo prohibiera en forma expresa. En el segundo link que Ud. agregó ya tiene una muestra de cuánto valen la independencia y la estabilidad de las instituciones económicas bajo jurisdicción argentina.

    Comment by Andrés — abril 25, 2007 @ 2:37 pm

  6. Sr Ávila, si bien no soy economista, yo creo que la propuesta de Meir Zylberberg, que consiste en eliminar el Banco Central y en "transferir todo lo referente a moneda, crédito, bancos, cambios y tasas de interés a la esfera del Derecho Comercial y al control incorruptible de la libre competencia y la responsabilidad individual"; se parece mucho a la que formula Hayek en "Denationalisation of Money", que consiste, entre otras cosas, en "abolir el uso exclusivo dentro de cada territorio nacional de la moneda emitida por el gobierno, admitir en igualdad de condiciones la circulación de monedas emitidas por otros gobiernos; y eliminar de una vez por todas el monopolio oficial en la emisión de dinero y permitir que el sector privado suministre al público otros medios de cambio que sean de su preferencia" (en realidad esto lo extraje de un comentario suyo que figura en esta página). Ahora, mi pregunta es: además de dolarizar o eurizar, ¿No sería bueno como complemento de la dolarización o eurización permitir que el sector privado suministre al público otros medios de cambio que sean de su preferencia (tal como propone Hayek)?

    Andrés: El objetivo de Hayek al escribir su propuesta monetaria y bancaria era evitar la creación del actual Banco Central Europeo, la institución que emite el euro. Con esto quiero decirle que la de Hayek y la mía son propuestas excluyentes. O la una o la otra. En un post sobre Internacionalización monetaria y bancaria explico el motivo por el cual me parece inconducente la propuesta de Hayek en un país tan horriblemente inestable como el nuestro.

    Comment by Andrés — mayo 1, 2007 @ 10:52 pm

  7. En general valoro el trabajo de búsqueda en los trabajos que presentan y accedo a traves de las conclusiones, a poder enriquecer mis propias teorías con punto de vista nuevos. Desde ya comparto la mayor parte de los punto de vista desarrollados.

    Comment by Jorge Guarrochena — mayo 25, 2007 @ 10:10 pm

  8. Creo que lo que se propone en estas líneas es lo que se implementó más o menos en los 90s… o al menos llevar al extremo esa experiencia. Ya sabemos lo que originó en nuestra sociedad. Sin duda un modelo de este tipo nos llevaría a la inequitativa prosperidad de fines del siglo XIX y a la destrucción de todo tipo de iniciativa nacional. Lo que detesto de este razonamiento es que justamente está fundado en una aparente incapacidad innata de progreso del ser argentino, por lo tanto debemos importanter instituciones foráneas. Las instituciones que debemos copiar de Estados Unidos son su fomento estatal de la industria e innovación internas, su libertad para tomar decisiones soberanas, su defensa de la competencia y las reglas de juego justas, copiemos lo bueno, seguro nos va a ir muy bien.

    Esteban: En los años 90 hubo privatizaciones y estabilidad monetaria (convertibilidad). No hubo importación de instituciones (banca offshore, adopción de una moneda de reserva como moneda propia, tratado de libre comercio con una superpotencia). Por favor, leé el post de nuevo. Entendiste lo que quisiste entender.

    Comment by Esteban — agosto 13, 2009 @ 3:20 pm

  9. Jorge: Hoy más que nunca se advierte la vigencia de estas ideas, sobre la necesidad de atar al país al mundo civilizado de tal forma que el eventual costo del repudio sea demasiado alto. Sin embargo, a raíz de las crisis en los países PIGS, no creés que la ligadura a instituciones supranacionales le quita a los países en crisis de la UE el uso de instrumentos monetarios necesarios para revitalizar la economía? Es decir, la atadura institucional que proponés, no puede llegar a quitar remedios necesarios para salir de la crisis?

    Eugenio: No me parece que esa preocupación sea válida para la economía argentina, que carece de moneda hace, por lo menos, un cuarto de siglo. En 2002, la economía argentina no se reactivó por la maxi-devaluación sino por la fuerte caída de la prima de riesgo-país desde 70 puntos básicos a nada más que 2 en enero de 2007. A partir de entonces, la prima empezó a subir y habría generado presiones recesivas a no ser por el notable aumento de los términos de intercambio. España, que siempre tuvo una buena moneda, podría compartir tu preocupación. Pero no la comparte. ¿Por qué? Perdería las ventajas inconmensurables que se derivan de ser miembro de un gran club.

    Comment by eugenio bv — mayo 28, 2013 @ 2:51 pm

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