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febrero 20, 2007

Dirigismo que justifica

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 3:48 pm

Otra zoncera más. Las zonceras económicas ya son un torrente y son tan obvias como en su época de oro, en las décadas de 1970 y 1980. ¿Es otro error del gobierno? ¿O es una necesidad que debe satisfacer? Creo que es un error que el gobierno va a seguir cometiendo porque lo justifica; es decir, le da una razón de ser.

El gobierno dispuso en 2002 un congelamiento de las tarifas de servicios públicos y estableció retenciones sobre varias exportaciones no industriales. A fines de 2005, armó un régimen de control de precios y dio una vuelta de tuerca a las retenciones, y hasta prohibió algunas exportaciones. ¿Por qué lo ha hecho? Para frenar la suba del índice de precios al consumidor (inflación) en la Capital Federal y en el Gran Buenos Aires (lo que pasa en el Interior no importa ya que no repercute en el IPC) y evitar que los ingresos de más personas caigan por debajo de la línea de la pobreza.

Luego de sufrir algunos paros agropecuarios y de acusar a los productores rurales de integrar una oligarquía terrateniente, el Gobierno cambió el secretario de Agricultura y ahora recorre un camino de aproximación al sector. Sonrientes, con la sensación de estar gobernando, el jefe de Gabinete, la ministro de Economía y el nuevo secretario del área se reunieron la semana pasada con representantes del sector y anunciaron la siguiente batería de subsidios y refinanciones:

Para los productores de carne, afligidos por precios máximos en el Mercado de Liniers y por retenciones y prohibiciones de exportar, un subsidio del maíz que se emplea en el engorde del ganado, y un subsidio a la exportación a financiar con el producido de la retención de 15% que paga la exportación de carne.

Para los productores de trigo, de forma que alcancen el verdadero precio de mercado, un subsidio directo que cubra la diferencia entre los $370 por tonelada que pagan los molinos harineros, por decisión del secretario de Comercio Interior Moreno, y los $420 que paga la demanda por el producto. El subsidio se financiaría con la recaudación de un reciente aumento de la retención a la soja y se pagará en el Banco Nación contra la presentación del CUIT y el certificado de venta del cereal.

Entre otras disposiciones, las deudas de 9000 productores rurales con el Banco Nación se refinanciarían a más plazo y menor interés.

Te quito por un lado y te doy por el otro. En definitiva, queda la impresión de que nos va igualmente bien tanto en una economía intervenida como en una libre. Se trata de una impresión redondamente falsa. Porque lo que el productor mira cuando decide si va a producir e invertir más o menos es el precio internacional del producto después de pagar retenciones (que llegan a 100% en caso de prohibición de exportación). El subsidio es nada más que una prebenda arbitraria y transitoria; ningún productor en su sano juicio computaría un subsidio entre los beneficios de un proyecto de inversión importante.

¿Quién paga el costo de la burocracia (certificados de venta, etc.), de la licuación del valor de los préstamos del Banco Nación a los productores y de la potencial corrupción que tanto teje y maneje habilita? Los contribuyentes; los depositantes; la sociedad argentina en su conjunto, que es engañada por fotografías de sonrientes funcionarios que creen estar resolviendo problemas cuando, en rigor, los están enredando o, en el mejor de los casos, postergando.

Para evitar que más argentinos perforen la línea de la pobreza, ¿no es acaso más eficiente y limpio que el gobierno entregue a las familias no pudientes tickets para comprar carne o pan (productos encarecidos por la suba de los precios mundiales de la carne vacuna y el trigo), mientras los productores reciben precios plenos y pueden así planificar la expansión de la producción sin incertidumbres ni distorsiones?

No me extrañaría que el costo administrativo del sistema de tickets fuera bastante menor que el de los controles y los subsidios cruzados. Tampoco me llamaría la atención que la corrupción potencial fuera menor. ¿Qué problema tiene esta simple propuesta? Que saca al Gobierno del medio, restándole poder y capacidad de inspirar temor. Pero, por sobre todas las cosas, el problema es que revelaría que el Gobierno no tiene un plan de gobierno.

Al Gobierno le pasa lo mismo que a los sindicalistas: reviven cuando hay inflación, porque pueden justificar su existencia en la lucha por aumentos salariales, que se darían de todos modos, y se apagan cuando hay estabilidad, porque no son tan necesarios. Por esta razón, Moyano apoyó la devaluación, aun a sabiendas de que licuaría los salarios reales de sus representados. Si este Gobierno desregulara y se limitara a preservar el derecho de propiedad y el estado de derecho, se licuaría a sí mismo porque no sabría adónde apuntar en una economía libre y estable.

1 comentario »

  1. Moyano apoya, además de estas razones, porque en el "te doy-te saco" del gobierno, se queda vía subsidios para "capacitación de los muchachos" con una parte de la quita realizada -en nombre de la soberanía nacional- a los tenedores de bonos defaulteados (mayoritariamente, futuros jubilados argentinos). En cuanto a las consignas setentistas contra "la patria sindical", dejémoslas para los nostálgicos (como diría Carlos Saúl). Muy bueno el artículo.

    Comment por Miguel A. Mastroscello — febrero 21, 2007 @ 4:49 pm

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