La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

febrero 9, 2007

Apertura japonesa

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 8:27 pm

Este post forma parte de una serie dedicada a la evaluación de algunas aperturas comerciales clásicas. En esta ocasión trataré el caso japonés. Una férrea determinación nacional gobernó el caso chileno; el NAFTA jugó un papel decisivo en el caso mexicano; el rasgo distintivo del caso español fue su carácter supranacional. El de Japón, su carácter forzado. España importó instituciones en forma voluntaria de la UE; Japón las importó involuntariamente de EEUU. Pero tanto en el primero como en el segundo caso la percepción de irreversibilidad que se formaron los inversores fue tan acentuada que el crecimiento exportador y económico en general resultó fulminante (pese a grandes caídas del tipo real de cambio en ambos casos).

Para leer las conclusiones globales de la serie de posts dedicados a las aperturas comerciales, haga click aquí.

La apertura forzada de Japón

Al término de la Segunda Guerra mundial, el empobrecimiento de Japón era alarmante. El país había perdido 36% de la riqueza nacional, la producción de bienes de consumo era 68% menor que en el período 1935-1937, y la producción minera, industrial y de bienes de capital era 92% menor que en ese período. (Ávila, 1989c.) El gobierno japonés aceptó los términos de la rendición incondicional establecidos en la Declaración de Postdam, firmó el respectivo documento en el buque de guerra norteamericano Missouri, anclado en la bahía de Tokio, en septiembre de 1945, y las Fuerzas Aliadas ocuparon el país de inmediato bajo el mando del general MacArthur. (Tsuru, 1993, pág. 11.) Así comenzó un largo proceso de vasta reforma institucional, normalización y apertura económica signada inicialmente por la presión de la Autoridad de Ocupación, y más tarde por un sentimiento nacional que llevó a Japón a conformar y a adaptarse a las prácticas democráticas y comerciales del Occidente capitalista.

Por segunda vez en menos de un siglo, el país iba a experimentar un giro en redondo desde la autarquía al libre comercio, además de un impresionante crecimiento económico, no por su propia voluntad sino por la ‘diplomacia del acorazado’ (O’Rourke y Williamson, 1999, pág. 54). En 1858, bajo la presión de los buques de guerra norteamericanos, Japón viró al libre comercio y recién recobró la plena autonomía arancelaria en 1899 (Tsuru, op. cit., pág. 42). Las exportaciones aumentaron en apenas quince años de casi nada a 7% del PBI (O’Rourke y Williamson, op. cit.). Advierta el poder de un arreglo irreversible de libre comercio para reasignar recursos a favor del sector exportable de un país.

La Autoridad de Ocupación dispuso desde el mismo inicio que la responsabilidad de la reconstrucción económica quedaba en manos de los japoneses, que la ruinosa situación del país era una consecuencia directa de su propia conducta, que los Aliados no se harían cargo del costo de reparación de los daños infligidos por los bombardeos y que no garantizarían el mantenimiento del nivel de vida de la población por encima del nivel de los países vecinos que habían sufrido la agresión japonesa. (Tsuru, op. cit., pág. 11.) En sintonía con esta filosofía, en el período 1945-1948, la Autoridad de Ocupación promovió reformas radicales en materia constitucional, educativa, industrial, fiscal, sindical y agraria que el parlamento japonés aprobó. Por ejemplo, Japón renunció en su nueva constitución al derecho soberano a la guerra; se prohibió la ideología militarista y nacionalista y se alentó una educación para la vida en democracia basada en el reconocimiento del valor y la dignidad del individuo y de la libertad académica (freedom of inquiry); se fijó el objetivo de disolver los zaibatsus (grupos semi-monopólicos multi-industriales) que según la Autoridad de Ocupación habían amasado grandes fortunas apoyando las invasiones del Japón imperial; se diseñó un sistema tributario que hacía hincapié en el auto-financiamiento de las prefecturas (equivalentes a las provincias) y establecía un IVA provincial; se estimuló la formación de sindicatos fuertes y la concesión de ventajas sustanciales a los trabajadores, aunque se prohibieron las huelgas de empleados públicos y de empleados en empresas de servicios públicos, y se propició la sustitución del pago en especie del canon de la tierra agrícola por el pago monetario y la desconcentración de la tenencia de la tierra. (Ibid, cap. I.)

A diferencia de la Reforma Meiji en el propio Japón de mediados del siglo XIX y de las aperturas de Chile, México y España, en el Japón de la segunda post-guerra no actuó un equipo de cambio local, es decir, un grupo de tecnócratas nacionales sensible a la realidad política y con capacidad para debatir, proponer e instrumentar reformas. En los casos arriba citados, las reformas se debieron a iniciativas de la Autoridad de Ocupación; hubo políticos y especialistas del país que opinaron o que opusieron alguna resistencia, pero en términos generales la dirigencia japonesa se hallaba en estado de postración psicológica y/o mental (Ibid, pág. 15).

En los primeros años de la post-guerra, la intervención oficial se ramificaba a todos los mercados. Controlaba, por ejemplo, el comercio internacional y el mercado de cambios. Sólo podían importarse materias primas (alimentos y algodón) y mercaderías necesarias para propósitos amigables y exportarse las mercaderías (textiles) justas para equilibrar la balanza de comercio. La economía japonesa era virtualmente autárquica. El gasto público, por su parte, aumentaba en forma descontrolada debido a compromisos militares asumidos durante la guerra y a préstamos para la reconversión industrial desde la economía de guerra a la de paz. En 1946 la inflación anual trepó a un 370%. Sucesivos planes de estabilización fracasaban. (Avila, op. cit.) La orientación general de la política económica era estatista y socializante. En diciembre de 1947, el senador William Knowlands declaró en el Congreso de EEUU que respondía a la inspiración de progresistas irresponsables (irresponsable New Deal radicals). (Tsuru, op. cit., pág. 41.)

La creciente impresión en Washington de que el enfoque económico de la Autoridad de Ocupación era un fracaso y, sobre todo, tres sucesos internacionales produjeron un brusco giro en la política económica para Japón. La exitosa marcha de los comunistas chinos hacia el poder, las tensiones cada vez mayores entre EEUU y URSS (principios de la guerra fría) y la erupción de la guerra de Corea (que aumentó la utilidad de las islas japonesas como bases de abastecimiento militar), convencieron a EEUU de que la venganza era demasiado costosa y que lo mejor era convertir a Japón en el ‘taller de Asia’ y en un baluarte contra el comunismo. (Ibid, cap. II.)

El gran giro empezó a concretarse en diciembre de 1948, con el Programa de los Nueve Puntos, y en febrero de 1949, con la llegada a Tokio del banquero Joseph Dodge, enviado especial del presidente Truman con rango de ministro. En esencia y semanas apenas, Dodge prescribió que el déficit fiscal debía transformarse en un superávit en 1949 y que había que ordenar el mercado de cambios; también se transmitió que la política de disolución de los zaibatsus se oponía al objetivo de hacer de Japón el taller de Asia y un efectivo aliado en la guerra fría. Se fijó de inmediato el tipo de cambio en 360 yenes por dólar, luego de años de debates inconducentes, aunque el control de cambios perduró un buen tiempo; se congeló el proceso de disolución de zaibatsus, y antes de cumplirse el año el superávit fiscal superaba los pronósticos más optimistas. Se empezó a rescatar deuda pública, la oferta monetaria se redujo inicialmente y luego pasó a crecer en forma consistente con la estabilidad de precios (la inflación en 1950 descendió a un 18% anual y en 1952, a un 2%), se suspendieron los préstamos oficiales para la reconversión y se eliminaron subsidios para la industria. (Avila, op. cit.)

En abril de 1952, Japón firmó un Tratado de Paz por separado con EEUU, las Fuerzas Aliadas desocuparon el país y éste reconquistó su independencia. En este especial contexto, las relaciones internacionales se transformaron en un tema sumamente importante. La paz por separado significaba que el país había quedado abrazado a uno de los antagonistas en la guerra fría y que se había convertido en poco menos que enemigo del otro. Dado que Japón era un país demasiado pequeño o débil para tomar iniciativas internacionales, aun como un líder moral, lo más aconsejable era asumir su posición y no perturbar en absoluto la paz mundial. Tal era el interés nacional básico. (Tsuru, pág. 64.) Ese mismo año, Japón ingresó a las Naciones Unidas, al FMI y al Banco Mundial y quedó en condiciones de acceder al crédito internacional, y en 1955 fue aceptado como miembro ordinario del GATT y empezó a recorrer el camino de la liberalización del comercio exterior y de capitales por consejo de dichos organismos internacionales. Altos funcionarios y tecnócratas de Japón pensaban que la apertura era demasiado prematura, pero se impuso la idea de que constituía el precio de volver a formar parte de la comunidad de naciones. (Kikuchi, 1993, pág. 132.) El gobierno tenía bien en claro que su plan de liberalización del comercio exterior era una promesa impostergable ante la comunidad de naciones. (Ibid, pág. 134.) Lo dicho en este párrafo revela la percepción de irreversibilidad que acompañó a la apertura japonesa, y en nuestra opinión es la razón básica de su éxito global: inversión, exportación y convergencia del ingreso per cápita japonés en el nivel del ingreso per cápita norteamericano.

El proceso de apertura puede dividirse en tres etapas: 1950-1958, 1959-1970 y 1971-década de 1980. Primera etapa: Prevaleció una secuencia de decisiones de carácter esencial, propia de un país que transita de la ocupación militar a la autonomía política. En 1950 se privatizó por completo el negocio de exportación e importación y se relajaron restricciones de importación; en 1953 se abrieron oficinas de información comercial en el exterior, y en 1955, por medio del GATT, se ganó concesiones arancelarias en 17 países sobre 288 ítems y se concedió concesiones sobre 248 ítems. Como consecuencia, las exportaciones a EEUU y Canadá aumentaron en forma sustancial.

Segunda etapa: Después de sucesivos booms de inversión privada y crecimiento económico, a fines de la década de 1950 Japón completó su recuperación. Por requerimiento del FMI y otros organismos internacionales, se aceleró la eliminación de cuotas de importación (aspecto clave en una liberalización comercial) y así el grado de apertura se elevó de 41% en 1960 a 88% en 1962. Se reemplazó el método de la lista positiva de restricciones cuantitativas por el de la lista negativa, cuya ventaja reside en que los ítems no nombrados gozan de libertad plena de importación, aunque pagando el arancel correspondiente. La cantidad de ítems no liberalizados cayó de 439 en 1962 a 40 en 1970. En 1963, Japón devino miembro pleno del GATT en reconocimiento al progreso de la apertura. En 1964, abolió los estímulos impositivos a la exportación, obtuvo el status del artículo VIII del FMI pues había eliminado todas las restricciones cambiarias sobre las transacciones corrientes, ingresó a la OECD y prometió liberalizar las transacciones de capital. En 1967, permitió la inversión extranjera directa en hasta 50% del capital de 33 sectores industriales; en 1971 el número de sectores liberalizados ascendía a 700 y en 1973 sólo el 20% de la industria retenía restricciones a la IED. Por último, entre 1968 y 1971 se practicaron sucesivas reducciones arancelarias de acuerdo con lo estipulado en la Ronda Kennedy del GATT. En esta etapa se enciman los pasos más importantes de la apertura japonesa.

Tercera etapa: Después de crecer con gran ritmo durante dos décadas hasta recuperar su gravitación de potencia mundial, Japón orientó su política comercial a la lucha contra las tendencias proteccionistas que se apoderaban del mundo por el shock petrolero, la turbulencia cambiaria y la recesión mundial pero también por el entendimiento de que su prosperidad dependía de manera crucial de la convivencia y la coordinación internacional. Así, en 1972 revocó la legislación sobre el ‘compre japonés’ y redujo en 20% los aranceles de 1865 ítems; en 1973 fue el país anfitrión de la Ronda Tokio e impulsó nuevas rebajas arancelarias sobre algunos ítems antes de lo programado, y a fin de aliviar las tensiones con EEUU y la CEE por el fuerte superávit comercial que acumulaba merced a la reactivación de la economía mundial, en 1976 aceptó auto-imponerse restricciones voluntarias a la exportación que afectaron al acero y los productos textiles en la década de 1970 y a los automóviles en la de 1980. En 1982 adelantó dos años las rebajas arancelarias previstas por la Ronda Tokio; en 1983 suprimió o redujo aranceles sobre 323 ítems y en 1984, aunque sus aranceles ya eran más bajos que los de otros países, llevó a cabo una eliminación y reducción adicional sobre 44 ítems que interesaban a los socios comerciales; en forma simultánea, adelantó un año la rebaja arancelaria prevista por la Ronda Tokio y eliminó o rebajó aranceles sobre 74 ítems (entre ellos, vinos, papeles y algunos productos agrícolas). (Avila, op. cit.)

La magnitud del suceso económico japonés es bien conocida o presumida por todos. El siguiente cuadro sintetiza la evolución de la participación de las exportaciones japonesas en las exportaciones mundiales (otra forma de medir el grado de apertura) y la convergencia del ingreso per cápita japonés en el ingreso per cápita de EEUU.

japantable.jpg

El coeficiente de apertura aumentó en forma sostenida de 7.6% del PBI en 1955 a 14% a principios de la década de 1970. El aumento de la participación de las exportaciones japonesas en las exportaciones mundiales fue incluso mucho más notable, como ilustra el cuadro. En productos manufacturados y en maquinaria y equipo, la participación japonesa se ubicaba en 16% y 22%, respectivamente, en 1975. (Tsuru, op. cit., pág. 85 y 183.) Por su parte, la convergencia del ingreso per cápita japonés en el ingreso de EEUU fue, asimismo, sostenida hasta la década de 1980, cuando el ciclo de fuerte apreciación y depreciación del dólar distorsionó la medición. Cabe consignar que durante el período considerado el tipo real de cambio (o poder de compra del dólar en el mercado interno japonés) cayó más de un 80%.

España importó voluntariamente instituciones políticas y económicas de la CEE; Japón las importó involuntariamente de EEUU. En ambos casos la percepción de irreversibilidad fue tan acentuada que provocó un boom de inversión y una intensa reasignación de recursos (trabajo, capital y capacidad empresarial) desde el sector sustitutivo de importaciones hacia el sector exportable. Esta es la hipótesis que pretendemos demostrar.

Referencia Bibliográfica

Avila, J. (1989c): Japón: De la Autarquía al Libre Comercio Lenta pero Linealmente, informe no publicado.

Kikuchi, K. (1993): El Origen del Poder (Historia de una Nación Llamada Japón), Editorial Sudamericana.

O’Rourke, K. y J. Williamson (1999): Globalization and History. MIT Press.

Tsuru, S. (1993): Japan’s Capitalism: Creative Defeat and Beyond. Cambridge University Press.

6 Comments »

  1. Muy interesante el articulo. Comentarios: 1) Me parece importante hacer notar que Japon era una potencia industrial, LA potencia dominante en toda Asia, antes de la guerra. Hacer todas las comparaciones al estado del Japon en 1945-1946 es util, siempre y cuando se note que este piso es un outlier, no la norma. Es importante reconocer que Japon tenia acceso a tecnologia y know-how de primer nivel incluso en 1945-1946. // 2) Relacionado con lo anterior, es importante tener en cuenta que, un poco como ocurre con la Argentina post 2000, casi que cualquier gobierno que tomara las riendas en tamaño pozo iba a producir crecimiento. // 3) No conozco ni la mitad de lo que vos Jorge conoces de este tema, pero.. hasta hace poco (aun hoy), gente que conozco del FMI, Banco Mundial se quejaba de la falta de apertura de Japon. Es mas, The Economist publicaba notas donde le aconsejaba al Japon el abrir su complicado juego de trabas al acceso de credito y financiacion, el incrementar la independencia del sistame financiero total del Japon, como una forma necesaria para lograr que el Japon retome su crecimiento que se detuviera en los 90. // 4) es mi limitado entender que la economia Japonesa tiene una integracion enorme, donde supply y demanda no fluyen con total libertad, sino que estan constrenidas por una especie de red de integracion que no es para nada transparente (y que suele volver locos a los inversores occidentales) // 5) Es ademas mi entender que el Japon no ha seguido los consejos occidentales. // 6) Algo que me parecio muy muy interesante tu articulo, es la gradualidad que demuestra. En general, descreo de medidas revolucionarias. Lo que me gusta del proceso de Japon es la forma en la cual sus gobernantes fueron creando o modificando instituciones en forma firme… pero gradual (incluso muchas veces en contra de lo que la teoria decia), dandole tiempo a los agentes economicos a adaptarse a los cambios. // 7) Relacionado con el punto anterior, me gusta la forma en la cual los Japoneses fueron imponiendo cambios que respetaran la cultura del pais, que no se diera de patadas con los habitos y costumbres de empresarios y la poblacion en particular. Fundamental en el exito Japones!! // By the way, dos comentarios que nada tienen que ver con el tuyo… pero los hago igual. // a) es impresionante como el Japon es ODIADO en el resto de Asia. Coreanos, Chinos, Vietnamitas, Filipinos, TODOS, aun recuerdan las atrocidades japonesas durante la epoca del imperio industrial pre-guerra. Aun hoy. No los perdonan. // b) me parecio simpatica tu denominacion de "desconcentración de la tenencia de la tierra" a la reforma agraria que los EEUU impusieron al Japon.

    Eduardo: Gracias por tu interesante y constructivo comentario. 1) Sí, antes de la segunda guerra mundial Japón ya era una potencia industrial; por eso fue un hueso tan duro de roer para las Fuerzas Aliadas; pero en esa época el ingreso per cápita japonés era inferior al argentino. 2) Desde luego. Robert Lucas (U. de Chicago, premio Nobel) acostumbraba preguntar en sus clases ¿Quieren hacer que un país crezca a gran velocidad? -Bombardéenlo primero. Notá, sin embargo, que el ciclo de recuperación se completó en 1959. Todo lo que vino después fue puro crecimiento. 3) Salvo unas cuantas restricciones en agricultura, los mercados de mercaderías están abiertos. La apertura es menor en el sector servicios, sobre todo, en el bancario. Pero el aspecto clave que trato de despejar es la contribución al éxito económico japonés de la estabilidad normativa, contractual e institucional del caso japonés, inspirada en un compromiso irrevocable de apertura y convivencia con Occidente. 4) Leíste atentamente. La bauticé desconcentración de la tierra porque, en realidad, no hubo reforma agraria. MacArthur quiso hacerla, como quiso hacer otras tantas reformas, pero Washington lo desautorizó después de llegar a la conclusión de que necesitaba un bastión contra el comunismo en el extremo Oriente, y que para tal fin le venía mejor una economía capitalista vibrante. La suerte de Japón quedó sellada por acontecimientos internacionales.

    Comment by Eduardo Romano — febrero 19, 2007 @ 3:52 pm

  2. Leí su artículo sobre la apertura de Japón. No había leído nada de la literatura económica sobre el tema pero sí el "reporte" que unos periodistas alemanes del diario "Die Zeit" habían publicado en el año 1985 en un libro llamado "Japan-Report". Los autores enfatizan aspectos que son propiamente culturales -diríamos institucionales en el sentido de "reglas informales"- y otros formales entre los que se cuentan la cooperación entre el estado y la empresa, porque parece ser que se implantó un sistema mixto de funcionarios y empresarios en el cuerpo directivo. Se habla de un proteccionismo para permitir sólo la "competencia entre hermanos" -por ejemplo, cerrando la importación de computadoras IBM para dejar espacio a la nacional TOSHIBA- y se menciona que los mejores promedios de las universidades se desempeñan como burócratas. Habrá que ver qué tanto hay de esto. Sin embargo, esto no habilita a la izquierda para decir que Japón ha sido un caso exitoso de estatismo: los partidos marxistas son muy minoritarios, y Japón al momento que los periodistas escribían el reporte continuaba siendo una sociedad patriarcal. En todo caso habla mal de ella. En fin, un dato no menos importante es el modo en que se dio la intervención estadounidense: se derrocó al Shintoísmo y se prohibió que el estado lo sostuviera mediante la extracción de recursos del sector privado, pero no se hizo ingeniería social como se intenta en Irak.

    Alejandro: Claro que hubo y hay intervencionismo en el caso japonés. Pero también es muy cierto su inequívoco compromiso con el capitalismo y con EEUU. El objeto del post es subrayar el tremendo impacto económico de un acuerdo de apertura suscripto formal o informalmente con una superpotencia. Es tan alto el costo de repudio que las dudas se desvanecen y la energía del país se concentra en la inversión. El punto en cuestión no es el grado de capitalismo de la reforma sino su grado de irreversibilidad.

    Comment by Alejandro — febrero 21, 2007 @ 7:16 pm

  3. Dr. Ávila, estuve leyendo un artículo de Carlos Montaner titulado "China y la fortaleza del dólar" (Link: http://www.nacion.com/ln_ee/2009/marzo/29/opinion1920023.html) y pienso que en cierto sentido China ha importado de manera involuntaria instituciones de EE.UU. por lo siguiente, entre otras cosas: "Para China, Estados Unidos es mucho más que una enorme cantidad de bonos del tesoro norteamericano: es el elemento dinamizador de su sociedad, es el cerebro que decide la dirección en que se mueve el país, es la oportunidad de convertirse, como está sucediendo, en un actor principal del primer mundo." "En suma, Estados Unidos puede vivir sin China, como ocurría hace apenas 20 años; pero China, si quiere mantener su ritmo de crecimiento, y hasta su estabilidad interna, no puede vivir sin Estados Unidos, porque no está nada claro qué sucedería si se produjera una súbita parálisis del comercio, de las transferencias tecnológicas y del espasmo occidentalizador que experimenta el gran país asiático.". Cuando leía los efectos que le trajo a China el hecho de "contagiarse (por las buenas)" de Estados Unidos, no pude evitar pensar los efectos que traería ese contagio…para países como Argentina. Por último, le dejo una pregunta que no va a tener fácil respuesta según mi opinión: ¿Ve viable en el futuro lejano un TLC entre Estados Unidos y China?

    Andrés: La cita es muy interesante. Por lo general, las aperturas comerciales han generado experiencias de fuerte crecimiento económico no tanto por el aprovechamiento de las ventajas comparadas como por el buen clima para la inversión que crea la confianza que se desarrolla entre los gobiernos y las empresas de los países involucrados.

    Comment by Andrés — marzo 30, 2009 @ 8:36 pm

  4. Es curioso que en esta reseña histórica de la economía japonesa no mencione a William E. Deming, el experto en estadísticas norteamericano que enseñó a los industriales el valor de la Calidad de los proceso y los productos manufacturados. Su primer viaje a Japón fué en 1947, invitado por el general Mc Arthur en la realización de un censo y a partir de 1950 a dictar una serie de cursos, invitado ahora por la Unión Japonesa de Científicos e Ingenieros (JUSE). La filosofía de Deming es muy simple: al mejorar la calidad de los procesos, hay menos pérdidas, lo que permite bajar el costo de los productos. Al salir al mercado con precios más competitivos, se obtiene un aumento de participación por una mayor venta, esto le permite a la empresa crecer, por lo que requiere contratar a más personal. Muchos le llaman a esto el "Círculo Virtuoso de Deming", mejorar la calidad para dar trabajo. Cuando en un país existe la conciencia de la calidad de sus productos, del significado de adquirirlos siempre, puede llegar bajar a cero % los araceles. ¡Pero cuidado!, si se confunde que la baja de aranceles por sí sola va a impulsar a la competencia en nuestros países! Estas bajas de aranceles de los países muy desarrollados, es más bien una estrategia en las negociaciones o tratados de libre comercio entre naciones; sinceramente, no veo a japoneses comprando automóviles brasileños o argentinos. Volviendo a Deming, el premio máximo a la Calidad en Japón, continúa siendo el "Premio Deming", merecido honor para quien dedicó 30 años a un país enseñándoles a hacer bien las cosas. Como nos creemos modernos, después de las dictaduras, en vez de conseguir un Deming, recibimos a un Milton Friedman, campeón de la eliminación de aranceles y de las venta de las empresas del Estado (malos administradores, decía), resultado finalmente muy bueno para unos pocos y muy malo para la mayoría de las personas. En eso estamos ahora…

    Norberto: Lo de Deming está muy bien. Pero no es mi punto. Japón hubiera experimentado su segundo milagro con Deming o sin él. ¡Olvídese de Friedman! Ponga la ideología a un costado por un momento.

    Comment by Norberto Pavez J. — mayo 25, 2009 @ 3:52 pm

  5. No se trata de ideologías, se trata de crecer y mejorar, de buscar y encontrar el camino correcto; no es fácil y los errores ya están aquí. Le aseguro que Deming fué fundamental para Japón. – No se preocupe, total continuaremos exportando materias primas, todavía no hay suficiente espíritu en esta parte del planeta para cosas más complicadas.

    Norberto: No me entiende. Me importa un rábano lo que se exporte. Me importa exclusivamente que se exporte e importe mucho en el marco de un acuerdo con una superpotencia. ¿Por qué una superpotencia? Porque el costo de reversión del acuerdo sería muy alto. Así, por fin el país tendría un horizonte inversor despejado. Sin ese marco, ni la asistencia de cien Deming transformaría a la economía argentina en una economía eficiente y competitiva.

    Comment by Norberto Pavez J. — mayo 26, 2009 @ 3:47 pm

  6. Estimado Jorge respecto del último comentario. No es mejor ya que el objetivo sería un acuerdo con una super potencia, cuyo costo de reversión sería muy alto, que en dicho acuerdo se protegiese el trabajo nacional incluyendo en el mismo la exportación de productos con el mayor valor agregado posible. Nosotros podemos exportar mucha soja pero aún así la economía seguiría siendo poco competitiva. Es más si el acuerdo incluyese la exportación de productos primarios ¿Cual sería el estímulo que tendría la economía para diversificarse, atraer inversores hacia áreas más complejas y generar conocimientos científicos y técnicos así como empleos calificados? Creo que es un error estratégico gravísimo que le importe un rábano lo que se exporte. Porque ahí está precisamente el quid de la cuestión. Conseguir exportar productos con alto valor agregado, que obtengan la tasa media de ganancia, sin que el Estado tenga que subsidiar a las empresas que los producen para que eso ocurra. Sin estas condiciones no hay desarrollo posible. Ahora mi pregunta es ¿debería ser parte del acuerdo con la superpotencia el recibir las inversiones necesarias para que esto ocurra y poder generar los mecanismos para un intercambio equitativo?

    Diego: El objetivo de un TLC con una superpotencia es hacer que la economía funcione más eficientemente. Es decir, que el trabajador medio sea más productivo y gane más por hora trabajada. Esto se logra por 2 vías: a) reasignando trabajo, capital y capacidad empresarial desde los sectores menos eficientes hacia los más eficientes; b) resguardando el derecho de propiedad en virtud del mismo TLC y atrayendo así inversiones del exterior. Cuando "las preocupaciones estratégicas" orientan la política comercial se termina en un proteccionismo absurdo y lleno de lobbistas como el que tenemos. No hagas afirmaciones olímpicas, como la que te subrayé en negrita.

    Comment by Diego — octubre 20, 2012 @ 1:45 am

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