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enero 31, 2007

Reforma que atrasa

Filed under: Cotidiana — Jorge Avila @ 4:34 pm

El gobierno nacional anunció el envío al Congreso de un proyecto de reforma previsional a fin de permitir que los afiliados a las AFJP puedan pasarse al sistema estatal de reparto. En los últimos días se escribió copiosamente sobre el tema. En un editorial del domingo 28, La Nación sintetizó realmente bien aspectos relevantes del proyecto. Instó a no olvidar que las AFJP se crearon como respuesta a la evidencia sobre la inviabilidad del régimen de reparto; precisó dudas con respecto a la instrumentación y al impacto que tendrá en el actual sistema y pidió que se valoren los avances y efectos positivos del sistema que ahora se quiere modificar.

Por su parte, Santiago Urbiztondo, economista de FIEL, publicó el martes 30 en Ámbito Financiero (diario que no permite el libre acceso a su website) un artículo más técnico que confirma y profundiza algunas de las observaciones de La Nación. Por ejemplo, destaca que:

a) en los 13 años de vigencia del régimen mixto (reparto estatal + capitalización privado) hubo un amplio debate acerca de sus virtudes y limitaciones sin que surja un consenso sobre cómo evaluar sus resultados y mejorar su desempeño;

b) con la salvedad de distraídos o malintencionados, a nadie escapó que el haber que recibirá un jubilado con 30 años de aportes a su AFJP será muy superior al que obtendría del nuevo régimen de reparto; la tasa promedio de rentabilidad del sistema de capitalización ha sido 7% anual, después de restar la inflación y los costos de administración y seguro retenidos por las AFJP, no obstante la severa crisis económica, política y social que sufrió el país en 2001-2002;

c) el costo bruto que retienen las AFJP promedia un 2.4% del salario sujeto a aportes y el costo neto, 1.1%, en tanto que en el resto de América latina promedian 3.0% y 1.6%, en cada caso;

d) la sustitución de la comisión que se paga a las AFJP para que éstas contraten a su vez el seguro de vida e invalidez de cada afiliado por un pago deducible del fondo acumulado del sistema, reducirá muy probablemente la rentabilidad del nuevo sistema de reparto; mientras las AFJP argentinas cobran una comisión media de 1.3% sobre el salario sujeto a aportes, en México, país en el que una agencia pública contrata en forma centralizada el seguro, la comisión asciende a 2.5%.

e) el significativo cambio que introduce el proyecto en el régimen previsional constituye de hecho el primer paso para su lenta y silenciosa reversión. Por tanto, la bandera de la libertad de elección que postula esta reforma no debería llamarnos a engaño; el objetivo subyacente es dar marcha atrás con la reforma de 1994.

Poco queda por agregar a la buena síntesis de La Nación y a las observaciones técnicas de Urbiztondo. En todo caso, aunque suene a quijotada en los tiempos que corren, no esta demás delinear cómo debería ser un sistema jubilatorio capaz de maximizar la rentabilidad de los aportes y de preservarlos del manoseo del estado argentino:

i) El Estado debería retirarse de la industria previsional. ii) Los aportes deberían ser estrictamente voluntarios; la persona que deseara ahorrar en “ladrillos” o acciones no debería estar obligada a aportar a una AFJP. iii) Los aportes a las AFJP deberían quedar bajo jurisdicción internacional, de la misma forma que los depósitos en un régimen de banca internacionalizada. iv) Y de la jubilación de las personas que por imprevisión o mala suerte no hubieran ahorrado para su vejez debería encargarse el Estado, contemplando la erogación a tal efecto en el presupuesto.

3 Comments »

  1. Cada día tengo menos dudas de que un sistema estatal de jubilaciones y pensiones es inviable. ¿Por que digo esto? Porque el envejecimiento paulatino de la población hace que haya cada vez menos trabajadores activos en la economía y, por ende, menos aportantes al sistema pero más beneficiarios. Y este fenómeno no es exclusivo de algún país o continente, sino que en muchos países del mundo se está evaluando la privatización del sistema jubilatorio. También me parece inviable el sistema de reparto porque los aportes hechos por los futuros beneficiarios del mismo son destinados casi en su totalidad al financiamiento del gasto público, provocando que en el futuro lo que reciban esos aportantes sea mucho menor a lo que deberían recibir, teniendo en cuenta lo que aportaron. Y otro aspecto preocupante es que, bajo el pretexto de que los actuales aportantes a las AFJP podrán pasarse al sistema estatal, es que de un plumazo el Estado decrete que TODOS los que aportan al sistema privado pasan al sistema de reparto. La verdad es que no creo que mucha gente piense en esa posibilidad. Coincido con la idea de que el sistema de jubilaciones sea privado y de carácter voluntario. Yo creo que para terminar con el sistema de reparto, primero se debería entregar un "bono de reconocimiento" a cada persona que tenga jubilación estatal o sea aportante al mismo para que se pase (o no, porque aportar no debería ser obligatorio) al sistema privado. Por otro lado, no estaría tan de acuerdo con la propuesta de que para "la jubilación de las personas que por imprevisión o mala suerte no hubieran ahorrado para su vejez debería encargarse el Estado, contemplando la erogación a tal efecto en el presupuesto", porque no se eliminaría del todo el sistema estatal de jubilaciones. De todos modos, sería lo único que aceptaría, por parte del Estado, de intervenir en el sistema jubilatorio. Pero no más allá de esa propuesta. Ahora que lo pienso, una vez eliminado el sistema de reparto, ¿Tendría sentido que siga existiendo un organismo como lo es la ANSeS?

    Andrés: El ANSeS debería transformarse en una dependencia de la Secretaría de Hacienda, encargada del seguimiento del gasto jubilatorio para aquellos imprevisores o desafortunados de los que inevitablemente el resto de la sociedad, por medio del Estado, tendrá que hacerse cargo.

    Comment by Andrés — febrero 1, 2007 @ 12:52 am

  2. Dr. Ávila: en mi reciente ingreso al mundo laboral, he decidido optar explìcitamente por el régimen de reparto. Aunque debo confesar que no lo pensé mucho (tal vez por mi prematura edad, o por mis expectativas de una vida longeva). Sin embargo, creo que ni siquiera la reforma de 1994 pone a salvo a los individuos de la arbitrariedad del Estado. Quiero decir, me parece más difícil para un Estado amante de lo ajeno dejar de reconocer deuda previsional que bonos defaulteados (como los que forzosamente compraron algunas Administradoras). Así que a la mayor rentabilidad, se le suma un mayor riesgo. Un riesgo sistémico. Quisiera conocer su opinión al respecto. Cordiales saludos.

    Oscar: El riesgo sistémico es el mismo (devaluación, default) en la medida que las AFJP permanezcan cautivas de la jurisdicción argentina. Pero como el Estado (el ministro de Economía) administra los fondos del Anses, el riesgo de expropiación es mayor en el sistema de reparto que en el de las AFJP. Por otra parte, el artículo de Urbiztondo afirma claramente que la tasa de rentabilidad real de la jubilación privada duplicó a la de la jubilación estatal.

    Comment by Oscar Natale — febrero 1, 2007 @ 12:56 pm

  3. Estoy, filosóficamente y racionalmente, en total acuerdo con el análisis de Avila. Ya lo he dicho en las "Bases…", la libertad es el primer requisito para la justicia y el crecimiento humano y social. Desde este punto de vista, la gente debe ser libre para elegir. Sobre todo en argentina, donde sabemos que los aportes previsionales van más de una vez a financiar campañas políticas, v.g. un aumento de jubilaciones tres semanas antes de una elección. Ahora bien, expuesta mi posición filosófica, un tema se mantiene latente. Qué hacemos con la generación que no ahorró o ahorró en el estado?? La mandamos a la antártida, la dejamos pulular por las calles hasta que se mueran de viejos?? Estos temas no son menores. Una cosa es EEUU, en donde se sabe desde la cuna que el que no ahorra muere en la peor parte de su vida atrozmente. Pero aquí se ha perdido el sentido del ahorro junto con el de la propiedad privada, la austeridad y otros principios de urbanidad. Yo no tengo una respuesta inmediata, lo que sí tengo es el convencimiento que hay que pensar en ella. Hasta luego,

    Juan B.: Comparto tu preocupación por la situación de los que imprevisores o de los que simplemente no tuvieron suerte en la vida. Por eso, en el último párrafo del post, donde delíneo un posible sistema ideal, recurro al Estado para salvar el problema. Por más liberales que sean el nuevo sistema y el gobierno que lo concrete, es sabido que siempre es el Estado quien termina pagando los platos rotos.

    Comment by JUAN B. ALBERDI — abril 21, 2007 @ 6:53 pm

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