La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

enero 17, 2007

Apertura española

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 3:21 pm

Este post forma parte de una serie dedicada a la evaluación de algunas aperturas comerciales clásicas. En esta ocasión trataré el caso español. Seguirán el caso japonés y un comentario estadístico sobre el impactante caso irlandés. Una férrea determinación nacional gobernó el caso chileno; el NAFTA jugó un papel decisivo en el caso mexicano, pero el caso español merece atención especial por su carácter supranacional y su fulgurante crecimiento exportador y económico en general. Este post es más largo que los que dediqué a Chile y México porque el proceso de apertura español fue muy prolongado y está lleno de lecciones sobre la gravitación de las circunstancias y de los pactos internacionales en el éxito de una liberalización comercial.

Para leer las conclusiones globales de la serie de posts dedicados a las aperturas comerciales, haga click aquí.

La apertura supranacional de España

Según García Delgado (1995), la primera etapa económica del franquismo, 1939-1950, fue el pasaje más negativo de la historia española contemporánea. Hubo autarquía comercial y una auténtica depresión. De acuerdo con Estefanía (1998), España estaba gobernada según un modelo de desarrollo basado en la introspección, miraba con timidez al exterior y era un país pobre, atrasado y rural.

La integración económica (entendida como fase superior de la apertura comercial) y el muy notable crecimiento económico de este país han sido el resultado de un proceso largo, sinuoso y vacilante, guiado, sin embargo, por un diagnóstico que terminó por imponerse a dudas, temores y adversidades. El filósofo Ortega y Gasset formuló el diagnóstico en 1910, décadas antes de la guerra civil y de la subsiguiente depresión. La célebre frase de Ortega rezaba: “España es el problema; Europa, la solución”. Hacia 1957, un equipo de cambio compuesto por economistas vinculados al Opus Dei puso en marcha un giro trascendente de política económica conforme a dicho diagnóstico. Y en 1982, Marcelino Oreja, el ministro de Asuntos Exteriores del presidente Suárez, precisó el significado de la frase de Ortega: “Europa son las tres instituciones: económica, defensiva y política; la primera exige la integración al Mercado Común; la segunda, el ingreso a la OTAN, y la tercera, el ingreso al Consejo de Europa, es decir, la democracia y el respeto de derechos humanos. (Estefanía, 1998.)

Seis instancias enviaron claras señales de irreversibilidad durante este singular proceso. 1ª) A pesar de demoras menores y sin haber explicitado demasiado el alcance sectorial y el horizonte de la apertura, el Plan de Estabilización y Liberalización de 1959-1960 fue cumplido. 2ª) No obstante la transición política y la crisis petrolera de la década de 1970, el acuerdo de rebajas arancelarias y eliminación o relajamiento de cuotas pactado con la Comunidad Económica Europea (CEE) en 1970 fue cumplido. 3ª) La fuerza política que ganó las elecciones de 1977, un conglomerado de partidos de centro y de derecha que debió recurrir al apoyo de fuerzas nacionalistas por falta de mayoría absoluta en el Parlamento, reanudó la apertura con gran intensidad. Se comprendió que la manera más eficaz de afianzar la democracia era ajustar la economía a las nuevas condiciones internacionales e integrarse a Europa. En contraste con etapas anteriores, en esta oportunidad se percibió que la política comercial constituía un elemento esencial del programa económico. 4ª) En 1979, España extendió a los países de la Asociación Europea de Libre Comercio (cuya sigla en inglés es EFTA) los beneficios ya concedidos a los miembros de la CEE en 1970. En 1980, en respuesta a la Ronda Tokio, España asumió otro compromiso internacional trascendente: aprobó reducciones arancelarias en beneficio de los miembros del GATT. 5ª) El gobierno socialista de Felipe González firmó en 1985 el ingreso español a la CEE. Se inició así la etapa más trascendental de la apertura. El proceso de ingreso tuvo carácter predeterminado e inmodificable puesto que fue acordado en el Tratado de Acceso y ratificado por los parlamentos de los doce miembros de la CEE. La posibilidad de reversión era virtualmente nula pues cualquier alteración del Tratado habría exigido una nueva ratificación por parte de los doce parlamentos. (Avila, 1989a.) 6ª) En 1999, la peseta, junto a las otras monedas de la CEE, desapareció a favor del euro. Se introdujo la nueva moneda en los mercados financieros de España y del resto de la CEE y el Banco Central Europeo se hizo cargo de una política monetaria aplicada y definida en términos del euro. En 2002, entraron en circulación las monedas y billetes denominados en euros. Desapareció de esta forma en España la moneda nacional, lo mismo que en el resto de la CEE. También desapareció, en la práctica, la banca comercial bajo jurisdicción nacional en beneficio de una banca bajo jurisdicción supranacional. Estas señales de irreversibilidad estimularon una rápida reasignación de capacidad empresarial, trabajo y capital desde el sector productor de bienes importables hacia el productor de bienes exportables y un crecimiento explosivo.

El propósito de los siguientes párrafos es narrar las circunstancias que condujeron a la apertura, identificar las principales medidas en tal sentido y fundamentar la síntesis anterior sobre señales de irreversibilidad. En último término, una tabla condensa el comportamiento de los indicadores de confianza y la reacción de un conjunto de variables económicas clave en el período 1959-2002.

La apertura española puede dividirse en tres etapas separadas por períodos de parálisis o retrocesos motivados por crisis internacionales o incertidumbres políticas internas: la etapa unilateral, 1959-1966; la etapa bilateral, 1970-1980, y la etapa supranacional, 1986-2002. En 1959, a mitad de camino del gobierno del general Franco, cuando España se encontraba al borde de la cesación de pagos, en recesión, con importaciones mínimas y sin posibilidad de renovar la maquinaria industrial, se anunció el Plan de Estabilización y Liberalización. Las exportaciones españolas fueron ese año inferiores a 4% del PBI, el porcentaje más bajo de los países de la OCDE, con la excepción de Turquía. (Avila, obra citada.) El sentido de supervivencia del franquismo y el aporte técnico de un grupo de economistas salidos en su mayoría de las recién creadas facultades de Ciencias Económicas hicieron posible el giro de política económica. Los primeros síntomas en tal sentido se advirtieron en febrero de 1957, cuando Franco hizo ingresar al gabinete de ministros dos miembros del Opus Dei y de esta manera reemplazó a la Falange como familia dominante. Los líderes del equipo de cambio eran Alberto Ullastres y Mariano Navarro Rubio, ministros de Comercio y de Hacienda, en cada caso, con el apoyo de Laureano López Rodó, también del Opus Dei, quien ya era el secretario general técnico de la vicepresidencia del gobierno. Este grupo de técnicos se había percatado de la inviabilidad del modelo de sustitución de importaciones, e impulsó el giro casi engañando al jefe de Estado, que era analfabeto en estas cuestiones y cuya única ideología era el nacional-catolicismo y la autarquía. (Estefanía, obra citada.) Es interesante tomar nota del contexto internacional del momento. El mismo año del cambio de ministros se firmó el Tratado de Roma que creó el Mercado Común Europeo. Pocos meses después, y con el aval del embajador de EEUU en Madrid, quien deseaba la reincorporación del país al escenario internacional como aliado en la guerra fría, España ingresó al FMI, al Banco Mundial y a la Organización Económica de Cooperación Europea (OECE, antecedente de la OCDE). El borrador del plan fue redactado por el director del Departamento Europeo del FMI y, con pequeñas variantes de estilo y complementos indispensables, fue asumido por el gobierno español en el memorando que dirigió a los organismos internacionales y, antes, al gobierno norteamericano. Según Ullastres, el Plan tenía cuatro objetivos: convertibilidad de la peseta, reducción de la inflación, desregulación económica interna y liberalización del comercio exterior. De acuerdo con Luís Rojo, un joven integrante del equipo que cuarenta años después instrumentaría la adopción del euro como presidente del banco central, el Plan “abrió las puertas de una fase de incorporación de nuevas formas de producción y de vida, cuyo resultado habría de ser un cambio social acelerado en los años siguientes”. (Estefanía, obra citada.) De esta forma se abolió el sistema de tipos de cambio múltiples, se aprobó una nueva ley de inversiones extranjeras, se restringió a nada más que los productos agrícolas la participación estatal en el comercio exterior, se liberalizó como mínimo la mitad de las importaciones en moneda convertible, se relajaron las restricciones sobre las importaciones restantes y se aplicó un programa de estímulo fiscal a las exportaciones (compensaciones de impuestos indirectos y reintegro de cargos aduaneros sobre importaciones de insumos). El gobierno no fue en ningún momento demasiado explícito o vehemente sobre el alcance sectorial y el horizonte temporal de la apertura. No obstante ello, con tardanzas menores, el plan fue cumplido.

A mediados de la década de 1960 el proceso de apertura se fue rezagando a medida que el gobierno se inclinaba por una estrategia de desarrollo inspirada en el modelo francés de planeamiento indicativo. En 1966, el ciclo expansivo que había comenzado en 1960 perdió fuerza, subió la inflación y la balanza de pagos entró en déficit. Siguieron cuatro años de un ajuste macroeconómico que resultó exitoso. Llegó entonces la segunda etapa de la apertura, que puede dividirse en dos fases caracterizadas por el bilateralismo: el fin de la dictadura, 1970-1974, y el inicio de la democracia, 1977-1980. En la primera fase, la apertura operó por dos canales paralelos. Por un lado, el gobierno adoptó en forma unilateral una secuencia de medidas liberalizadoras. Por otro lado, asumió un programa gradual de liberalización acordado con la CEE tras arduas negociaciones que culminaron a mediados de 1970. Entre las principales medidas unilaterales cabe mencionar una reducción selectiva seguida por otra generalizada de aranceles industriales, la sustitución de una lista de productos exentos de restricciones cuantitativas por una lista negativa (un paso importante hacia adelante pues desde entonces todos los ítems que no figuraban en la lista quedaron liberalizados en forma automática), y el ingreso gradual a un régimen de importaciones libres de un conjunto de productos industriales y agrícolas que estaban sujetos a cuotas o bajo monopolio estatal. Entre las principales medidas concertadas con la CEE cabe mencionar un nítido programa temporal de relajamiento de restricciones cuantitativas y de rebaja de aranceles legales que abarcaba por lo menos 60% de las importaciones españolas de la CEE (quedaron afuera del acuerdo el carbón, los productos de hierro y acero y aquellas materias primas contempladas en una lista de excepciones), un programa de eliminación de cuotas que tenía por meta que apenas 5% de las importaciones de la CEE permanecieran en 1976 sujetas a restricciones cuantitativas. Por su parte, la CEE concedió a las exportaciones españolas una sustancial reducción arancelaria, con algunas excepciones; el arancel promedio iba a caer un 60%; 30 puntos en el mismo año 1970, 20 puntos adicionales en 1972 y los 10 puntos restantes en 1973. Las concesiones sobre productos agrícolas fueron menores, incluso menores a las que se habían concedido a otros países mediterráneos. Pero desde octubre de 1974 el proceso de apertura sufrió fuertes retrocesos. (Avila, obra citada.) Las causas fueron la crisis petrolera internacional y la ejecución de un militante anarquista en marzo de 1974 y los fusilamientos de septiembre de 1975. “La CEE decidió bloquear las negociaciones y no reanudarlas hasta que no se adoptara una política que respetase los derechos del hombre, como patrimonio común de los pueblos de Europa”. (Estefanía, obra citada.) El balance de la fase es que los compromisos asumidos con la CEE fueron cumplidos y mantenidos pero algunas iniciativas unilaterales fueron revertidas, en particular, se reinstaló el monopolio estatal y un sistema global de cuotas para los ítems liberalizados en los años 1972-74 y se revocaron las rebajas arancelarias lineales de 1973-74. Con la excepción de la liberalización pactada con la CEE, el grado de apertura retrocedió al nivel de 1966. (Avila, obra citada.)

La llegada de Adolfo Suárez a la presidencia del gobierno español tras las primeras elecciones democráticas en 40 años, abrió a pleno la segunda fase de la apertura. Al mes de asumir, el nuevo presidente emprendió una maratón de negociaciones en los países de la Comunidad, y en contra de los pronósticos de los analistas políticos y económicos, que esperaban una suerte de apagón del esfuerzo modernizador, Estefanía (obra citada) concluye que “Suárez fue la frontera; trajo las libertades y enderezó el camino hacia Europa”. La organización política española no generaba expectativas de estabilidad. El nuevo régimen soportaba fuertes presiones a raíz de los golpes terroristas y las inquietudes militares. Pero el gobierno tenía el firme respaldo de las principales corrientes políticas y sociales y pudo desarrollar su programa económico. Entre las principales medidas de la segunda fase cabe destacar la restauración de la lista negativa (que nombra los ítems de importación sujetos a cuotas), la abolición de aumentos de aranceles y de una sobretasa de importación de 20% que habían sido introducidos en 1976, una rebaja generalizada y temporaria de aranceles ad-valorem y específicos (que se denominó operación concertina) y, lo más trascendente de todo, la firma de dos acuerdos bilaterales: uno en 1979 con los miembros de la Asociación Europea de Libre Comercio (cuya sigla en inglés es EFTA), por el cual se eliminaban todas las barreras que trababan el intercambio entre las partes; de esta manera España extendía a los países del EFTA los beneficios que había concedido a los países de la CEE; otro en 1980, producto de la Ronda Tokio, por el cual España procedió a extender una ronda de rebajas arancelarias a todos los miembros del GATT. (Avila, obra citada.)

A principios de la década de 1980, la economía comenzó a exhibir signos de un rápido deterioro debido a la segunda crisis petrolera, la recesión internacional iniciada en EEUU y ciertas inconsistencias de la política económica interna que determinaron una estampida del déficit fiscal de 1,6% del PBI en 1979 a 5,5% en 1982. No obstante la adversa coyuntura económica, cierta reticencia de Francia a la presencia española en la CEE y el intento de golpe de Estado de 1981, esta segunda fase de la apertura bilateral finalizó con apreciables avances. Primero, se ingresó en el Consejo de Europa, símbolo de los derechos humanos, y en mayo de 1982 España quedó integrada a la OTAN. El tercer paso quedó reservado para “el primer gobierno socialista químicamente puro de la historia española” (Estefanía, obra citada).

En su discurso inaugural, Felipe González afirmó: “trabajaré con tesón para allanar los obstáculos que aún se oponen a nuestra plena integración a la CEE”. (Ídem.) La obsesión europeísta también incluía a los socialistas. Entre las principales medidas adoptadas en ese sentido cabe mencionar un programa de reducción arancelaria por etapas que concluiría en 1992 con un arancel igual a cero para todas las importaciones provenientes de la CEE y el EFTA, y con la plena adopción del arancel externo común sobre las importaciones del resto del mundo; la desregulación del movimiento de capitales y la armonización de las políticas fiscal y monetaria; la abolición de todos los derechos de importación; la abolición de todas las licencias de exportación e importación que trababan el comercio con la CEE y el EFTA, salvo las referidas a algunos productos agrícolas; la drástica reducción de las restricciones cuantitativas sobre las importaciones de productos industriales y agrícolas de la CEE, de los miembros del GATT y de otros; la desaparición en 1992, o sea cuatro años después, de una combinación de cuota y arancel que encarecía las importaciones de automóviles de la CEE, y la introducción del IVA, de acuerdo con la carta orgánica de la CEE, en reemplazo de un tributo sobre los ingresos brutos, un tributo a la importación y un subsidio a la exportación que se traducían en un impuesto neto a la exportación de 12%. En enero de 1986, España, junto a Portugal, ingresó en la CEE, y en 1992 las medidas anunciadas se habían cumplido. El país empezó así a formar parte de un auténtico mercado único, en el que las mercancías, los servicios, las personas y los capitales podían moverse libremente. El tercer paso había sido cumplido. Ahora faltaba la integración monetaria.

Bajo la presidencia conservadora de José María Aznar, el Consejo Europeo de Bruselas decidió que once estados miembros, entre los que España había logrado calificar después de una empeñosa reducción del déficit fiscal (de 8% del PBI en 1985 a 5% en 1996 y a 0% en 2005), reunían las condiciones para la adopción de la moneda única a partir del 1º de enero de 1999. Por espacio de tres años la peseta observó un tipo de cambio fijo e irrevocable con respecto al euro (convertibilidad monetaria), hasta que el 1º de enero de 2002 fue sustituida físicamente por la nueva moneda europea. De esta manera, finalmente, el sueño de la razón se hizo realidad.

La próxima tabla sintetiza la reacción de las principales variables económicas durante el prolongado y muy exitoso proceso de apertura español.

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Referencias bibliográficas

Avila, J. (1989a): España: Un éxito largamente gestado, informe no publicado.

Estefanía, J. (1998): "La Larga Marcha." (La economía española del Plan de Estabilización al euro.) El País, domingo, 3 de mayo. (www.vespito.net/historia/franco/estft.html)

García Delgado (1995): "La Economía Española durante el Franquismo." Temas, noviembre. (www.vespito.net/historia/franco/ecofran.html)

5 Comments »

  1. Mi impresion al visitar España durante el franquismo era la de un pais pobre y chato. Al menos en comparacion con la Argentina. Experiencias como ir a un banco a cambiar un traveler’s check (en aquellos años se usaban para viajar!) era todo un shock cultural, donde uno observaba lo lentos e ineficientes que eran los empleados de españoles (en comparacion con los de Argentina!). La gran diferencia, el importante crecimiento español se produjo recien con su apertura al mercado comun europeo despues de la muerte de Franco. Las "aperturas" intentadas durante el franquismo no sirvieron para mucho. Solo para aliviar problemas propios de un sistema centralizado como el franquista, pero no lograron demasiado en ese limitante contexto. A que viene esto? A usar tu ejemplo Jorge para reafirmar una vez mas mi conviccion que aperturas economicas por si solo no conducen a mucho, si no estan ademas ligadas a instituciones y culturas republicanas. Es algo que la historia, la teoria, y el sentido comun nos señalan una y otra vez… y que los argentinos parecemos no terminar de aprender. Porque, aun a otra escala, la historia argentina esta llena de "liberales" que apoyaron gobiernos autoritarios, convencidos que mas que instituciones republicanas funcionando a pleno, lo que el pais necesitaba era una autoridad fuerte que le indicara por donde ir. La historia nos muestra como una y otra vez estos "esfuerzos", a pesar de ciertas mejoras iniciales, no son sustentables. La historia nos muestra que el progreso sustentable solo viene de la mano de una apertura al mundo bajo un sistema de instituciones y cultura republicana. Eduardo

    Eduardo: 1) Disculpame, por favor, la tardanza en contestarte. Compré una notebook antes de salir de vacaciones, pero las conexiones wi-fi disponibles en la costa atlántica argentina dejan mucho que desear. 2) Las aperturas durante los años de Franco no fueron intrascendentes. El coeficiente de apertura se duplicó entre 1959 y 1975, y si tomás como punto de partida el año 1950, cuando la economía española operaba en virtual autarquía, aumentó todavía más. El catch-up del ingreso per cápita español respecto del ingreso de los países europeos fue notable en esa etapa (podés corroborar lo que digo leyendo el artículo de García Delgado). 3) En cuanto a la relación entre apertura e instituciones, me queda la impresión de que le estás hablando a otra persona. Desde luego, la estabilidad institucional en un sentido amplio es un requisito fundamental. Mi punto, lo repito una vez más, es que la misma apertura, cuando se concreta por medio de acuerdos con una gran potencia, puede reforzar, sino contribuir a erigir, esas instituciones rigurosas que caracterizan a las tres grandes islas de estabilidad del mundo: EEUU, UE y Japón.

    Comment by Eduardo Romano — enero 19, 2007 @ 9:21 am

  2. Queda claro que la adhesión por parte de España a un acuerdo supranacional como lo es la Unión Europea le ha dado al país ibérico muchos beneficios, sacando el hecho de que la mera incorporación de España al bloque europeo no hizo que ese país se desarrollara de la noche a la mañana, sino que esa adhesión vino acompañada de otras medidas en el orden económico. ¿O me equivoco con todo lo que dije? Yo no tengo dudas de que la entrada al ALCA por parte de la Argentina le aportará muchos beneficios a nuestro país, porque estando contenidos dentro de un acuerdo supranacional no podríamos comportarnos como dementes o borrachos. Y ese acuerdo nos obligará a actuar de manera más disciplinada y a evitar los bruscos giros económicos. No le veo un panorama optimista a la Argentina. Pero yo creo que una vez formalizado (o no tanto) el ALCA, ahí sí podré ver una luz al final del tunel porque nuestro país se verá forzado (no por orden de algún país) a formar parte de ese (u otro) acuerdo supranacional y una vez adentro, habrá que ejecutar las medidas económicas que son correctas y, como ya dije antes, a evitar actuar como borrachos o, ¿por qué no?, como matones.

    Andrés: Yo creo que la mera incorporación de España a la UE le estabilizó enormemente sus instituciones monetarias, comerciales y legales. El ingreso a la UE no es toda la explicación del éxito español pero no debe ser menos del 80% de ella. Lea, por favor, el post Aplazados, y después cuénteme cómo imagina Ud. que impactaría en nuestro país una hipotética entrada de Argentina en la UE (análoga a la española).

    Comment by Andrés — febrero 1, 2007 @ 12:36 am

  3. He leido el post "Aplazados" y luego de leerlo me dio la impresión de que la Argentina mejoraría mucho en lo que hace a sus instituciones si se incorporase a la Unión Europea, por ejemplo, o al ALCA. De esta última me gustaría que en el futuro pase a ser una suerte de Unión Europea para todo el continente americano. Los beneficios que implicaría para la Argentina formar parte de un acuerdo supranacional como la UE o, ¿Por qué no?, el ALCA serían enormes, entre los cuales se destacan: -Evitar los giros bruscos en la política económica. Lo que esto quiere decir es que, sin importar el signo ideológico de quien gobierne, el rumbo económico se mantendría. -Adoptar una moneda extranjera (o única) confiable y estable que acabe con el riesgo inflacionario y devaluatorio; al mismo tiempo que se preservaría la riqueza y el patrimonio de todos los argentinos. -Evitar que un gobernante borracho lleve a cabo medidas locas y dictatoriales, como pueden ser: la confiscación de las empresas extranjeras, el avasallamiento de los poderes Legislativo y Judicial, etc. Si ocurriese lo que acabo de mencionar, el país sería expulsado de la UE y tendría cancelados todos los beneficios que le brinda la pertenencia a la UE. -Introducción de la banca offshore y fin del sistema financiero privado con intervención estatal. -Apertura enorme hacia el comercio exterior mediante la eliminación de barreras arancelarias y demás trabas al libre comercio. -Adecuar la legislación laboral argentina a un contexto de globalización mundial. -Eliminación de regulaciones nocivas para el funcionamiento de la economía. -Imposición de límites al gasto público. -Paulatino cambio cultural en la política y en la sociedad argentinas. Un ejemplo de esto sería el abandono de conductas nocivas por parte de los políticos y la sociedad en general. -Fijación de la política exterior y militar a las pautas de la UE. En fin, yo creo que podríamos nombrar más beneficios; pero no quiero ser tan abarcativo. Igualmente vuelvo a decir lo mismo: mucho cambiaría para bien en la Argentina si nuestro país formase parte de un acuerdo supranacional. Por ejemplo, dejaríamos de mirarnos el ombligo permanentemente y en pensar al mundo como un enemigo que quiere complicarnos la vida. Dejo esta frase como comentario final: "El mundo no espera nada de nosotros. Los únicos que tenemos que esperar algo de nosotros somos nosotros mismos y nadie más."

    Comment by Andrés — febrero 3, 2007 @ 1:58 am

  4. Si mal no entiendo, España tuvo la suerte por razones geograficas, de llevar a cabo una importacion de Instituciones serias, algo que tu has propuesto para nuestro pais pero que nadie quiere entender, al parecer. Saludos y que tal Mardel?

    Eduardo: 1) Es cierto; la geografía ha jugado un papel decisivo en el así llamado milagro español. Pero no deberíamos despreciar la madurez de la dirigencia política que suscribió el pacto de la Moncloa. 2) No estuve en MDP sino unos 200 km al norte. El clima es más cálido y estable. Con sorpresa, comprobé que las comidas de los restaurants están tanto o más caras que en California, donde estuve en enero del año pasado.

    Comment by eduardo — febrero 4, 2007 @ 12:27 pm

  5. Sr. Ávila, con respecto al caso español, me resulta curioso el hecho de que el país ibérico tenga una Constitución teñida de ideas estatistas-socialistas-populistas; al mismo tiempo que es más libre económicamente que Argentina, además de poseer un PBI per cápita mayor al argentino. Yo creo que se puede tener un plan económico pro-libre mercado en un país aún cuando éste tenga una Constitución 100% socialista-populista-estatista. Acá dejo algunas joyitas de la Constitución de España: “Artículo 128 Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general. Se reconoce la iniciativa pública en la actividad económica. Mediante ley se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales, especialmente en caso de monopolio y asimismo acordar la intervención de empresas cuando así lo exigiere el interés general.” (Link: http://www.congreso.es/funciones/constitucion/titulo_7.htm). "Artículo 33 Se reconoce el derecho a la propiedad privada y a la herencia. La función social de estos derechos delimitará su contenido, de acuerdo con las leyes. Nadie podrá ser privado de sus bienes y derechos sino por causa justificada de utilidad pública o interés social, mediante la correspondiente indemnización y de conformidad con lo dispuesto por las leyes." (Link: http://www.congreso.es/funciones/constitucion/titulo_1_cap_2_sec2.htm)

    Comment by Andrés — marzo 26, 2007 @ 11:13 pm

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