La Argentina es el problema. El mundo es la solución.

noviembre 19, 2006

Un hombre de suerte

Filed under: Miscelánea — Jorge Avila @ 8:40 pm

Milton Friedman 1912-2006

Conforme al criterio de John Maynard Keynes, un gran economista debe combinar condiciones de matemático, historiador, filósofo y estadista. De un gran economista no se espera genialidad en cada una de estas áreas sino una rara combinación de talentos. Hay sobrada evidencia de que Milton Friedman fue uno de los grandes economistas del siglo XX. Además de tener esa canasta de talentos, fue un hombre de suerte. Nació en el país justo, EEUU, donde se gestan las grandes corrientes mundiales, y llegó a la madurez en la época justa, alrededor de 1960, cuando empezaba a fallar el paradigma keynesiano.

Impresiones personales

Decidí estudiar en la Universidad de Chicago porque quería conocer y escuchar a Friedman, el líder de la escuela económica de Chicago. Llegué a la Universidad en 1980, cuando Friedman ya había ganado el premio Nobel, se había convertido en una celebridad mundial y no formaba parte del staff permanente de profesores. Pero mi viaje no fue en vano. Me perdí el aspecto turístico aunque no el sustantivo: en Chicago continuaban enseñando, debatiendo y escribiendo sus colegas de toda la vida, había una visión económica coherente y la atmósfera social, intelectual y científica de la escuela era omnipresente. Durante mi estadía, Friedman visitó la Universidad dos veces y cada vez fue un gran acontecimiento. Una nube de profesores lo rodeaba y los estudiantes se apiñaban en los angostos pasillos del edificio de Ciencias Sociales. Tenía una presencia inusual. Recuerdo en particular la primera vez que lo vi. Medía alrededor de 1 metro 60, era calvo y de cabeza grande (una versión bajita del fallecido periodista argentino Jacobo Timerman). Se vestía con desaliño; en aquella ocasión llevaba un traje celeste y la corbata bordó con escuditos de la Universidad, y calzaba un par de botas de color naranja y gruesa suela de goma como las que usan los obreros y los estudiantes durante el largo invierno de la ciudad de los vientos. Iba a dar una conferencia en el salón de actos del edificio gótico, austero y no muy espacioso de Ciencias Sociales.

Milton.jpg

Friedman en su época dorada, alrededor de 1964

Subió al estrado de un salto (rondaba 68 años), se apoyó informalmente sobre el atril y preguntó a una audiencia que rebalsaba el salón de qué temas quería hablar. Un estudiante negro preguntó sobre la discriminación en el mercado laboral, una estudiante preguntó sobre una polémica ley de aborto y, entre muchas otras preguntas, alguien quiso saber sobre la marcha de la política monetaria de Margaret Thatcher. A todos les contestó con fluidez y ejemplos ilustrativos. Tenía fama de provocador y gran polemista, aunque en aquella ocasión no fue necesario que tales atributos salieran a relucir pues todos profesábamos la misma fe. De las respuestas sobre discriminación laboral y la ley de aborto no recuerdo nada que me sorprendiera; eran las clásicas de sus libros de difusión. Pero la respuesta sobre la política monetaria británica fue memorable, una síntesis perfecta de sofisticación monetaria y vuelo histórico. Arrancó definiendo la política de control de la oferta monetaria que se aplicaba en Gran Bretaña, luego destacó la incertidumbre que prevalecía sobre el cumplimiento de las metas de crecimiento monetario, después identificó el origen de la incertidumbre con las divisiones que provocaba la nueva política en el gabinete de Thatcher y el Parlamento, y por último reconstruyó el impacto que había tenido la composición del Parlamento sobre las políticas cambiaria y monetaria entre el gobierno del primer ministro Gladstone, a fines del siglo XIX, y el de Thatcher. Sólo una vez más tuve el privilegio de presenciar otra muestra de tanto virtuosismo; fue en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, a fines de la década de 1990, cuando Henry Kissinger respondió una pregunta sobre la situación rusa remontándose hasta el Congreso de Berlín de 1878.

Su relación con los estudiantes argentinos fue muy buena y fructífera. Carlos Rodríguez lo definió para Ámbito Financiero como un gran teórico monetario y como un gran profesor que promovía el debate y mantenía la absoluta atención de los estudiantes; agregó que no era un político sino un ideólogo. Adrián Guissarri y Víctor Elías dan su opinión sobre el gran hombre en las páginas de La Nación del día de la fecha. Pero antes de dejar estos párrafos de impresiones personales, quiero consignar dos circunstancias que quizá ayuden a conocerlo mejor. Un compañero de estudios argentino se acercó a conversar con Friedman; éste le preguntó de dónde venía; apenas lo supo, le recriminó que Argentina hubiera protegido a criminales nazis y en adelante la conversación se volvió imposible. Un estudiante de una promoción anterior a la mía quiso escribir la tesis doctoral bajo su dirección y recibió en el intento una lección ruda pero invalorable. El estudiante fue a su oficina con un paper preliminar; Friedman le preguntó cuál era el punto del paper y el estudiante respondió que no tenía un punto sino tres; furioso, golpeó el escritorio y exclamó: «I only want a big point!» Esta anécdota deja como lección que un paper debe tener sólo un punto, en lo posible, grande; dos puntos son una fuente de tensión interna y confusión, y ninguno es una estafa.

Filosofía y contribuciones científicas

Cuando Friedman arribó como estudiante a Chicago en 1932, el líder del Departamento de Economía de la Universidad era Frank Knight, un economista filósofo. Para Knight lo más probable era que el Estado, aun cuando quisiera hacer el bien, terminara haciendo el mal. Era Knight profundamente pesimista sobre el género humano y sus pretensiones altruistas. Creía que el rasgo dominante de la humanidad es la avaricia. Luego, pensaba que lo esencial es construir un sistema económico que reconozca esta característica de la conducta humana, la encauce hacia propósitos útiles y la disperse entre muchos centros de poder que compitan entre sí. En un plano más general, consideraba que el gobierno debía mantenerse a un costado del proceso económico. Que no debía inmiscuirse en la cuestión monetaria pues, en vista de la inclinación a gastar de reyes y políticos, iba a generar inflación y después sobrevendrían intentos del gobierno de bajarla por medio de controles de precios, amenazas y estatizaciones, con el consiguiente aumento del tamaño del Estado en la economía. Era mejor que el verdadero dinero viniera de las minas de oro. Esta doctrina, definida por Abba Lerner como capitalismo 100% puro, sintetiza la filosofía predominante en Chicago cuando nuestro hombre comenzó sus estudios de post-grado. Friedman la hizo propia, con un único cambio: reemplazó el patrón oro por la regla X de crecimiento monetario a cargo de un banco central, en la idea de que si la economía carecía de una oferta de dinero elástica remataría en la deflación, la recesión y el desempleo. Pero si el banco central era capaz de aumentar la oferta de dinero a una tasa constante de 3-5% por año, podría crecer con estabilidad de precios mientras se le ataban las manos al gobierno y se prevenía la inflación y el subsiguiente intervencionismo.

La Escuela de Chicago nació con Knight y floreció con Friedman. Arnold Harberger, quien conoció a Knight y fue alumno y luego colega de Friedman en Chicago durante 25 años, ha redefinido la filosofía de la Escuela con tres proposiciones: «1) El mundo es realmente complicado. Necesitamos una teoría, que es una abstracción, para poder apreciarlo y entenderlo. 2) La teoría no es buena si está aislada de las observaciones del mundo real. 3) En caso de duda, lo mejor es suponer que los mercados funcionan.» Para la Escuela de Chicago, las fuerzas de mercado son tan reales como el viento y las olas. Hay que vivir con ellas y sacar ventaja de ellas en vez de desafiarlas, porque cuando se hace lo último las consecuencias pueden ser terribles.

En una magnífica nota necrológica de The New York Times, reproducida parcialmente por La Nación, Alan Greenspan señala que, «en el largo plazo, lo único importante serán sus aportes académicos, si bien no habría que despreciar el profundo impacto que sus opiniones ya han tenido sobre el público norteamericano». Samuel Brittan, el famoso periodista británico que escribe sobre temas políticos y económicos, en otra de las tantas notas necrológicas que han invadido los diarios y las páginas de Internet, relata en el diario inglés Financial Times, con conocimientos de primera mano, su vida privada y profesional y su obra académica. Siguen sus principales contribuciones académicas:

1953: Ensayos sobre Economía Positiva. En el artículo sobre Metodología de la Economía Positiva, el autor argumenta que la utilidad de una teoría, en las ciencias naturales y en las sociales, depende del éxito de sus pronósticos y no del realismo descriptivo de sus supuestos. Y establece una diferencia entre la economía positiva y la normativa: la primera trata con lo que es y la segunda, con lo que debe ser. Aduce que la economía positiva es independiente de cualquier posición ética, y que debe proveer un sistema de generalizaciones (ecuaciones) que se pueda emplear para hacer predicciones correctas sobre el impacto de cualquier cambio de las circunstancias. Friedman creía que a medida que la economía positiva fuera progresando las diferencias normativas (de política económica) tenderían a desaparecer o por lo menos a reducirse. Tras la ola de indignación que provocara en la profesión un artículo escrito con George Stigler (Roofs or ceilings? The present housing problem), el ensayo tenía como fin investigar si los valores éticos son ajenos o inherentes al análisis económico.

1957: Teoría de la Función Consumo. Para algunos es su principal logro científico. Postula en la teoría y prueba con la evidencia empírica que el consumo depende del ingreso permanente. Es decir, a) el consumo de las familias o el país no depende del ingreso corriente, que contiene elementos transitorios, sino del ingreso esperado de largo plazo; b) el ahorro como proporción del ingreso permanente es básicamente una constante. Estos resultados tienen un par de implicancias importantes: por un lado, no habría razón por la cual el capitalismo deba experimentar estancamiento por sub-consumo, como el keynesianismo postulaba hasta entonces; por el otro, la política fiscal contra-cíclica no debería tener un impacto significativo sobre la demanda agregada y la producción pues los consumidores ignorarán cambios transitorios del ingreso disponible asociados a una rebaja o un aumento de impuestos.

1963: Una Historia Monetaria de EEUU, 1867-1960, con Anna J. Schwartz. Para muchos, entre los que me cuento, es su obra maestra. Narra y prueba convincentemente el papel activo de la oferta de dinero en la historia macroeconómica de EEUU. Y argumenta, en particular, que la Gran Depresión se debió a errores del directorio de la Reserva Federal y no a la inherente inestabilidad de la inversión en el sistema capitalista como se postulaba en la post-guerra. El impacto de tales errores habría sido magnificado por la existencia de un encaje fraccionario sobre los depósitos bancarios.

1967: El Rol de la Política Monetaria. Este ensayo es el discurso que pronunció al asumir la presidencia de la American Economic Association. Para muchos constituye un aporte más importante que cualquiera de sus estudios sobre historia y teoría monetaria. Con líneas que rozan la poesía, elabora sobre la intuición de que el sistema keynesiano adolece de una falla fundamental y concluye con este pronóstico: «Esperen que el desempleo aumente y que la inflación suba, (todo) al mismo tiempo». En otras palabras, la relación entre inflación y desempleo no es negativa, puede eventualmente adquirir pendiente positiva y finalmente es nula; la Curva de Phillips se hace vertical en el largo plazo. Para Paul Krugman éste fue uno de los logros intelectuales decisivos de la post-guerra. La mezcla sin precedentes de desempleo e inflación crecientes se bautizó stagflation y arrasó la credibilidad del keynesianismo en la década de 1970.

Militancia y reconocimiento

Milton Friedman sufrió insultos y muchas demostraciones de repudio durante su vida. Los economistas académicos lo consideraban un flat-earther (el que cree que la Tierra es plana). Los izquierdistas le echaban en cara su colaboración con el régimen de Pinochet mientras olvidaban que también asesoró al gobierno comunista de China. Para otros era nada más que un lunático. Los links que contiene el post permitirán que cada uno forme su opinión al respecto. Aunque esta reseña estaría incompleta si pasara por alto el carácter fogosamente libertario del personaje.

Friedman fue un firme defensor de las libertades individuales. Pensaba que el derecho de propiedad es la piedra angular de la organización económica capitalista. Escribió y militó a favor de la derogación del servicio militar, la despenalización de la droga, la introducción del voucher en el sistema educativo y la abolición del carnet para manejar autos y la licencia para ejercer la medicina. Cuando en una ocasión lo acusaron de que se le iba la mano en la campaña anti-estatista, replicó: «en cada generación tiene que haber alguien que vaya hasta el fondo; creo que esa es mi función». Fue un liberal clásico o un libertario como se dice en EEUU. Hasta donde sé, aparte de las tres funciones básicas del Estado: defensa, seguridad y justicia, la única función adicional que admitía es el control de la oferta monetaria.

ChicagoBrochure.jpg

Me queda por consignar que fue feliz. Se consideraba un hombre de suerte porque: a) sus padres adolescentes habían emigrado a tiempo a EEUU y él pudo nacer como ciudadano pleno de este país; b) un profesor de geometría de la escuela secundaria le mostró la conexión estética entre el poema Ode to a Grecian Urn de Keats y el teorema de Pitágoras y pudo apreciar la belleza matemática; c) ganó una beca para estudiar en la Universidad de Rutgers y pudo conocer a dos profesores que le señalarían su camino profesional; d) en la primera clase como alumno en la Universidad de Chicago le tocó sentarse, por orden alfabético, al lado de Rose Director y así pudo conocer a su futura esposa y compañera hasta el día de su muerte. Pero en su vida hubo algo más que suerte. George Stigler, su entrañable compañero de estudios y colega en Chicago, escribió que «Milton tenía un don maravilloso para despertar el interés de la gente importante». Quizá el don fuera la suma de aquella canasta de talentos, confianza en la propia capacidad para razonar y persuadir, perseverancia e ingenuidad.

6 Comments »

  1. Algunas frases de Milton que deberían aplicar nuestros buenos muchachos pro-chavistas gobernantes: 1) Para Moreno "La inflaciòn es un problema monetario". 2) Para Delia "Tras la mayoría de los argumentos contra el libre mercado subyace en realidad una profunda desconfianza en la libertad", "Una sociedad que pone la igualdad por encima de la libertad acabará sin igualdad ni libertad". 3) Para Lavagna, Miceli y K: "Los impuestos deben reducirse y simplificarse", "Es una falacia que la inflación pueda reducir el desempleo". 4) Para Recalde "Hablando de etiquetas engañosas… la Seguridad Social es la mayor falsedad. No es social ni segura… Es un programa que impone malos impuestos para proveer beneficios injustos". 5) Para los partícipes necesarios de la UIA: "Algunas personas quieren que el gobierno proteja al consumidor. Un problema mucho más urgente es proteger al consumidor de el gobierno". 6) PARA TODOS "Los gobernantes nunca aprenden, sólo la gente lo hace", "La solución del gobierno a un problema es usualmente tan mala como el problema mismo".

    Comment by diego cignetti — noviembre 20, 2006 @ 10:52 pm

  2. Un ejemplo de las convicciones de Friedman: Lo llamaron para dar su opinión en 1974 tras la crisis del petróleo, todos los demás economistas dijeron que había que aumentar los impuestos al consumo de combustible para reducir la demanda e intervenir fuertemente el mercado. Friedman habló 2 horas en tono solemne y luego dijo, nada de esto escribí yo, lo hizo Jevons hace 80 años, sólo cambié la palabra carbón por petróleo. A partir de allí argumentó que el precio era el regulador más racional y justo para reasignar el uso del petróleo o cualquier bien y también para debilitar, a la larga, el oligopolio de la OPEP o del que sea sin que intervenga ningún gobierno. (y si lo hacemos con la hacienda?)

    Comment by diego cignetti — noviembre 20, 2006 @ 10:59 pm

  3. Recuerdo que sus clases eran interesantisimas y las reuniones a las que invitaba a su casa (no me atrevo a llamarlas fiestas), aburridisimas. El se sentaba en el medio y los invitados hacian un circulo a su alrededor. Las preguntas iban y venian y las respuestas no se hacian esperar. La "fiesta" de ese sabado a la noche era en realidad otro "workshop" solo que informal por la coca cola (alcohol nada, ni cerveza). Era la antipoda de las reuniones con Harberger y Harry Johnson y muy pronto Friedman se quedo en sus fiestas sin asistentes latinoamericanos 🙂 Era de una gran honestidad intelectual, pero como ser humano podia cometer las equivocaciones a que Jorge se refiere cuando se molestaba con un argentino por cosas que su pais habia hecho hace muchos años y de las cuales el alumno no tenia ninguna responsabilidad. En cuanto a las dictaduras, siempre decia que la apertura y la libertad economica llevarian a la libertad politica. Asi fue en Chile y probablemente sea pronto en China. Los argentinos tendrian un futuro mucho mejor si nuestros gobernantes hicieran un pequeño porcentaje de lo que Friedman pregonaba.

    Valeriano: Gracias por tu comentario; ayuda mucho a definir el perfil de su personalidad. También te agradezco el par de frases que me tomé la libertad de poner en negrita. Ahí está la respuesta al comentario de César, que sigue abajo. Friedman postulaba que el libre mercado conducía tarde o temprano a la democracia política.

    Comment by Valeriano Garcia — noviembre 21, 2006 @ 7:59 pm

  4. Relata usted que el celebre economista se indignó con el país que dió protección a nazis y luego colaboró con regimenes de represión y genocidio como el Chile de Pinochet y la China Comunista. Estas son las cosas que hacen pequeños a veces a hombres que no lo son. De todas maneras esto no discute su obra.

    César: Como señala Valeriano arriba, era injusto que Friedman le cargara a los estudiantes argentinos la culpa por la política de refugio de nazis del gobierno argentino hace 50-60 años. Pero Friedman no podía dejar de señalar el tamaño del error que cometió la Argentina.

    Comment by César Rodríguez — noviembre 21, 2006 @ 8:59 pm

  5. Profesor, queria compartir con Ud. y con los lectores de su blog algo que encontré sobre el Prof. Friedman hace un tiempo. "…Years ago, trying to find the Friedmans’ apartment in San Francisco, I knew I was in the right location when I spotted a car with the number plate MV=PQ…" Aca hay una foto de su automovil que ratifica la devocion del Prof. Friedman por el monetarismo. http://gribeco.free.fr/article.php3?id_article=12. (…) Me pareció una nota de color sobre el mas importante economista del Siglo XX. Un gran saludo.

    Sergio: Te quedo muy agradecido por el comentario y, sobre todo, por la fotografía. Es linda, es una curiosidad y es, a la vez, un gran documento. Demuestra hasta qué punto Friedman se tomaba en serio lo que pensaba y predicaba. A mí me viene de perlas porque normalmente cuento la anécdota de la chapa del auto de Friedman en mis clases sobre la teoría cuantitativa del dinero y ahora vos me facilitás la prueba de que la anécdota es verdadera. Veré cómo editar esa foto. Muchas gracias.

    Comment by Sergio Rotondo — marzo 30, 2007 @ 3:04 pm

  6. estimado jorge, siempre coincidi con sus apreciaciones pues soy un liberal, pero me pregunto por que apoyo las politicas menemistas cuando no respetaron los postulados del consenso de washington como era libertad economica con superavit fiscal y liberalizacion del dolar y asi no hubiesemos tenido el fracaso que hoy la izquierda atribuye al neoliberalismo de la crisis del 2001 y tampoco hubiesen ganado los kichner ni sufrido la brutal devaluacion que nos hizo mas pobre a los trabajadores y mas ricos a los empresarios prebendarios del poder

    Carlos: Porque elijo entre lo que hay y no entre lo que debería haber. Si fuera a esperar que apareciera un presidente friedmaniano o hayekiano para apoyarlo, podrían ocurrir dos cosas: a) que me pasara la vida en una espera inútil; b) que apareciera un presidente impoluto desde el punto de vista ideológico pero inoperante para gobernar y realizar reformas. En cualquiera de estos casos, terminaría mi vida frustrado y amargado. Si no me entiende, debe ser porque Ud. es demasiado joven y todavía no se dió cuenta de que la vida es una cuestión de opciones o porque no podremos entendernos nunca.

    Comment by carlos machin — noviembre 2, 2008 @ 11:42 am

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Leave a comment

Powered by WordPress. Implementado por DigiKol