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noviembre 15, 2006

Apertura mexicana

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 3:12 pm

Este post forma parte de una serie dedicada a la evaluación de algunas aperturas comerciales clásicas. En esta ocasión, trataré el caso mexicano. Seguirán el caso español, el caso japonés y un comentario estadístico sobre el impactante caso irlandés. El caso chileno fue resultado de una férrea determinación nacional. En el mexicano, si bien el esfuerzo unilateral de apertura fue importante, el NAFTA jugó el papel decisivo.

Para leer las conclusiones globales de la serie de posts dedicados a las aperturas comerciales, haga click aquí.

La apertura bilateral de México

La segunda guerra mundial alentó en México un proceso espontáneo de sustitución de importaciones y desarrollo industrial. A su término, llegó la hora del proteccionismo legal y el coeficiente de apertura fue cayendo hasta tocar un piso de 5% del PBI a principios de la década de 1970. Durante esta década el gasto público trepó de 20% del PBI a casi 60%, en 1982 el déficit fiscal llegó a 17% del PBI y la inflación a 100% anual, el gobierno entró en default y la economía mexicana se estancó luego de varias décadas de crecimiento estable y moderado. Durante la presidencia de De la Madrid Hurtado (1982-88) se gestó en el plano político el cambio de régimen que se concretaría en el sexenio de Salinas de Gortari (1988-94). El objetivo del cambio de régimen, que los mexicanos denominaron Salinastroika, era revertir el estancamiento económico y transformar a México en un nuevo tigre asiático del comercio internacional. (Almansi, 1989.)

Hacia 1985 confluyeron tres circunstancias que determinaron la apertura, en principio unilateral y luego bilateral: estancamiento económico, deslegitimación del proteccionismo y aparición de un equipo de reforma liderado por Salinas, un tecnócrata con formación de post-grado en EEUU, como los chilenos de Castro, de la Cuadra y Büchi, y capacidad para reconocer tradeoffs políticos. En 1986, México se convirtió en miembro pleno del GATT y comenzó a reducir unilateralmente los aranceles de importación. En el período 1985-93, el arancel promedio, mayormente referido a las importaciones industriales, cayó de 25,2% a 12%. (Lederman, Maloney y Servén, 2005, pág. 340.) La protección a la agricultura, por su parte, permaneció básicamente inalterada hasta 1990; recién en 1990-91 se abolieron los precios sostén y las licencias de importación que beneficiaban a la producción de nueve cultivos tradicionales (trigo, arroz, sorgo, soja, girasol, cebada, semilla de algodón y copra; antes se había eliminado el precio sostén para las semillas de sésamo) y se redujeron en forma drástica los subsidios a los insumos, el crédito y el seguro para la agricultura. Aunque se mantuvo la protección para la producción de maíz y porotos. (Ibid, pág. 137-138.)

Las negociaciones comerciales entre México, EEUU y Canadá se iniciaron de manera informal en 1990 y se volvieron más formales en 1991, una vez que el Congreso de EEUU otorgó a la Casa Blanca el poder para negociar por la vía rápida (fast-track authority). El acuerdo de libre comercio norteamericano (NAFTA) se firmó en diciembre de 1992 y entró en vigencia en enero de 1994. Pero el auge del comercio exterior mexicano había empezado algunos años antes, como consecuencia demorada de la apertura unilateral o como producto de la señal de irreversibilidad de la apertura que emitían las negociaciones para el ingreso al NAFTA. En 1992-93 México ya se había convertido en un exportador neto de maquinaria y las exportaciones de bienes y servicios habían crecido notablemente. (Ibid, pág. 10-11.) El ingreso al NAFTA profundizó y amplió sustantivamente la apertura mexicana. La mayoría de los aranceles y otras restricciones al comercio entre México, Canadá y EEUU fueron abolidas en los diez años siguientes. El arancel promedio cayó a 1,3% en 2001. Mientras el arancel promedio de EEUU sobre las importaciones mexicanas caía de 2% a 0,2%. Y pese a que se acordó el mantenimiento hasta 2008 de algunas cuotas para productos agrícolas sensibles, la mayoría de las importaciones agrícolas de Canadá y EEUU entran al mercado mexicano desde entonces sin pagar aranceles. (Ibid, pág. 3.)

Aparte del capítulo específico sobre liberalización comercial, el NAFTA incluye otros capítulos paralelos: liberalización del sector servicios (por ejemplo, bancos), protección de inversiones, protección de la propiedad intelectual y liberalización de compras oficiales, así como cierta convergencia en materia laboral y de medio ambiente. En estas áreas, al menos, México ha procedido en sentido literal a importar instituciones de países más avanzados. El capítulo sobre protección de inversiones y apertura financiera es especialmente revelador del alcance del acuerdo. Contiene cuatro principios clave: a) De la nación más favorecida, que asegura que ningún inversor no norteamericano recibirá mayores beneficios que los acordados a inversores de los países del NAFTA; b) Del tratamiento nacional, que garantiza que no habrá discriminación entre los inversores de cada uno de los tres países firmantes; combinado con el primero, este principio garantiza que los residentes en países del NAFTA califican para recibir el mejor tratamiento disponible en cada uno de los países firmantes; c) Ausencia de requisitos de desempeño exportador para los inversores externos; d) Libertad para comprar y transferir divisas de un país a otro (royalties, dividendos, ganancias). Hubo excepciones (a veces temporarias) en la aplicación de estos principios. Por caso, la industria automotriz mexicana continuaría sujeta a requisitos de desempeño exportador neto por un plazo de diez años (debe generar 80% de las divisas que necesite para importar), y en la industria de auto-partes y componentes habría un límite a la propiedad extranjera por un plazo de seis años. Asimismo, el sector bancario debía permanecer sujeto a un límite sobre la propiedad extranjera por un plazo de seis años. Pero la liberalización de este sector tuvo que acelerarse para facilitar la capitalización de los bancos después de la crisis financiera de 1995. En los años siguientes, una serie de cambios legales resultó en la plena liberalización de la propiedad de la banca comercial mexicana. (Ibid, pág. 180.)

El NAFTA fue el primer acuerdo amplio de libre comercio que se celebró entre un país en desarrollo y países desarrollados. Suscitó incontables temores y críticas. Entre ellas, que arrasaría la agricultura mexicana, parte de la cual era de subsistencia; que provocaría desvío de comercio, en la opinión de los países centroamericanos que iban a competir con México en la exportación de productos textiles y de indumentaria a Canadá y EEUU, y que causaría pobreza. Conforme a la evidencia acumulada en la primera década de vigencia del acuerdo, aquellos temores y críticas eran mayormente infundados. En un principio, el coeficiente de comercio agrícola (importaciones más exportaciones) aumentó y la producción cayó a raíz de la conmoción de 1995; desde entonces, sin embargo, el coeficiente se ha mantenido más o menos constante como porcentaje del valor agregado por la agricultura y la producción ha recuperado el nivel previo al ingreso al NAFTA. (Ibid, pág. 143.) A partir de un meticuloso análisis de flujos comerciales, Lederman, Maloney y Servén encontraron poca evidencia de desvío de comercio a nivel agregado, corroborándose así investigaciones anteriores sobre el NAFTA. Sobre el temor a un eventual desplazamiento de exportaciones centroamericanas, dichos autores concluyeron que no existe evidencia sólida de que estas exportaciones hayan cedido terreno por las preferencias de mercado que otorga el NAFTA; de hecho, la mayoría de los países centroamericanos aumentó su participación en los mercados del NAFTA. (Ibid, pág. 15.) Por último, respecto de la evolución de la pobreza, no hay una conclusión definitiva. De acuerdo con la Secretaría de Desarrollo Social (organismo oficial mexicano), el índice de pobreza aumentó de 22,5% de las personas en 1992 a 24,2% en 2000; según la CEPAL, el índice disminuyó de 47,8% en 1989 a 41,1% en 2000. Sobre el comportamiento del salario, la historia está más definida: el salario real (deflactado por el IPC) observaba en 2001 un nivel algo superior al de 1985, año del lanzamiento del proceso de apertura; por su parte, el salario expresado en dólares era en 2001 casi un 50% superior al de 1985. Ambas mediciones registran un aumento significativo hasta 1994, una fuerte contracción en 1995 y un crecimiento sostenido desde entonces (la volatilidad del salario real es menor que la del medido en dólares). (Ibid, pág. 5.)

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La apertura comercial mexicana se inició doce años después que la chilena. No obstante su trayectoria comparativamente corta y la grave perturbación macroeconómica asociada al efecto Tequila, sus logros son importantes. El cuadro de arriba sintetiza el comportamiento de las variables de confianza (percepción de irreversibilidad) y de impacto (crecimiento de largo plazo). El balance correspondiente al primer grupo de variables en los primeros años de la apertura fue favorable: el aumento del índice accionario (en moneda constante) fue notable. También fue apreciable el aumento del coeficiente de apertura. Aunque la trayectoria de la inversión fue levemente declinante como porcentaje del PBI. Cabe recordar que durante el período 1986-88 hubo fuertes devaluaciones, un elevado tipo real de cambio y probables reducciones de la inversión pública (el gasto público se contrajo en 12 puntos del PBI). Por su parte, el balance del segundo grupo fue notable en cuanto al coeficiente de apertura (se registró asimismo una impresionante diversificación de la canasta de exportaciones; ibid, 100), entre notable y moderado en cuanto al ingreso per cápita y entre estable y moderado en cuanto a la tasa de crecimiento. Por último, es ilustrativo puntualizar que la apertura de este país, contrariamente a la chilena, exhibió un moderado déficit fiscal y una fuerte caída del tipo real de cambio. Esta variable no funcionó aquí como instrumento para compensar la reducción de protección efectiva que afectó a la industria manufacturera.

Referencia Bibliográfica

Almansi, A. (1989): Del Desarrollo Estabilizante a la Salinastroika, informe no publicado.

Lederman, D., W. Maloney y L. Servén (2005): Lessons from NAFTA. Stanford University Press and World Bank.

2 Comments »

  1. Es muy valiosa esta serie de notas sobre apertura comercial. Interpreto que si un país en desarrollo se une a los EEUU vía un TLC, como el caso Chileno, o vía un mercado común, como el caso Mexicano, da un salto muy grande en dirección de una economía moderna de libre mercado. Las personas de los países que se asocian se dan cuenta que el cambio es profundo y permanente. Esto garantiza nuevos horizontes, mucho más largos, para los proyectos. Una enorme cantidad de nuevos proyectos emergen. Estos nuevos proyectos, exigentes en reglas de juego, alimentan el motor de una nueva economía orientada verdaderamente al mercado. Así, muchos más proyectos rentables resultan en mucho mas ingreso y mucho mas progreso. Siempre me pregunto: ¿Por qué lo que es evidente en los hechos es resistido en ciertos países de Latinoamérica?

    Juan Carlos: No sé por qué lo evidente es resistido en países como el nuestro, obcecado en su proteccionismo. (Vea la encuesta que publicó ayer La Nación, sección economía; la opinión pública argentina está por completo desorientada.) Peor todavía, no sé por qué la mayoría de los economistas locales miran para otro lado. Ud. lo ha entendido: el punto es la percepción de permanencia, el establecimiento de reglas de juego estables, la apertura de horizontes más largos, esto es lo que realmente suministra una apertura comercial como la que ofrece el ALCA. Gracias por su comentario.

    Comment by Juan Carlos Vera — noviembre 19, 2006 @ 2:20 pm

  2. Sr. Ávila, a mi entender, otro gran beneficio del NAFTA para México es el comienzo del fin del régimen de partido único que había con el PRI y la gradual modernización política. Lo que también quiero demostrar es que la firma de estos TLC que impliquen importar instituciones sirve a aquellos países que tienen esta suerte de "partidos únicos". Creo que en el caso Argentino, un TLC con Estados Unidos, por ejemplo, ayudaría a modernizar la clase política y a terminar con lo que actualmente sucede con el peronismo, que parece ser una suerte de "partido único". Lo mismo podría aplicar a países emergentes con "partidos únicos". Como dije varias veces, el ALCA será nuestra tabla de salvación en muchos aspectos. No sé si coincidirá conmigo en todo lo que dije arriba.

    Andrés: Milton Friedman decía que la properidad económica termina por democratizar y modernizar una sociedad. Un tratado de libre comercio efectivo, es decir, uno con una superpotencia, trae prosperidad; así es que en este sentido comparto su opinión.

    Comment by Andrés — febrero 22, 2008 @ 7:19 pm

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