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noviembre 1, 2006

Apertura británica

Filed under: Académica — Jorge Avila @ 1:53 pm

En los próximos meses publicaré una serie de posts narrando casos clásicos de aperturas comerciales exitosas. En esta oportunidad, me referiré al ejemplar caso británico. En éste aparecieron las principales fuerzas (ideas e ideologías, personalidades y equipos de reforma y circunstancias políticas y económicas) que determinan la suerte de una apertura. Seguirán el caso chileno, el mexicano y el español, algo del impactante caso irlandés y un panorama sobre el lineal caso japonés. Por último, narraré la historia comercial argentina del siglo pasado.

La política comercial británica siguió un proceso fascinante en el período 1815-1860, que condujo a la apertura unilateral de Gran Bretaña y al establecimiento de un régimen de libre comercio en Europa. Una sinopsis de esta singular experiencia nos permitirá entender un poco mejor el juego de ideas, instituciones y circunstancias económicas y políticas que, eventualmente, determinan el vuelco de un país al libre comercio internacional.

Las guerras del período 1792-1815 pusieron fin al clima de intercambio liberal que había predominado en Europa en las últimas décadas del siglo XVIII.* La interrupción del comercio aumentó el precio de los productos agrícolas en Gran Bretaña, la renta de la tierra aumentó aún más y, como la propiedad estaba muy concentrada, los terratenientes ganaron una fuerte influencia política. Para preservar poder y riqueza, este grupo social hizo aprobar la ley de granos del año 1815. La ley prohibió de hecho la importación de cereales. Pero a medida que cedían las tensiones de la guerra, tomó cuerpo un debate entre proteccionistas y librecambistas, entre representantes del campo y de la ciudad, entre conservadores (partido Tory) y progresistas (partido Whig) y, hacia el final, entre el primer ministro Peel y el líder industrialista Cobden. Con el paso de los años fue imponiéndose la posición librecambista. En 1828, se reemplazó la prohibición de importación de granos por un arancel que variaba en forma inversa al precio interno del grano. En 1833, se redujeron una vez más diversos aranceles. En 1842, se reabrió la exportación de maquinaria, se abolió un impuesto a la exportación de lanas, y se redujeron todavía más los aranceles de importación de granos y otros productos. En 1845, los aranceles se redujeron una vez más. Hasta que finalmente, en 1846, se derogó la ley de granos y Gran Bretaña se inclinó decididamente al libre comercio. El proceso de apertura insumió 30 años pero avanzó sin retrocesos importantes. El arancel implícito sobre la importación de granos cayó de 70% en el período 1815-1827, a 50% en 1828-1841 y a 7% en 1842-1845. El tratado de libre comercio Cobden-Chevalier, entre Gran Bretaña y Francia, fue firmado en 1860. Luego sobrevino una seguidilla de tratados entre los principales países europeos. (O’Rourke y Williamson, 1999, cap. 3.)

¿Cómo se explica la “paradoja de Peel”, el defensor de los intereses terratenientes que tomó partido por el libre comercio, favoreció a la industria y arruinó su futuro político? Dos posiciones clásicas se disputan la explicación. La primera posición está asociada a Stigler (1982) y la segunda, a Keynes (1936, cap. 24). Stigler descalifica la teoría de la historia movida por la influencia del gran economista (Smith-Ricardo-Torrens) y destaca el papel que jugaron los grupos de interés; afirma que el cambio de régimen era inevitable en vista del desplazamiento del poder político y económico de los terratenientes a los industriales. Keynes enfatiza la importancia de las ideas y las ideologías; quienes siguen esta posición ven en Peel un estadista formado en la tradición económica clásica que finalmente debió abrir la economía para que Gran Bretaña pudiera capitalizar la eficiencia superior del libre comercio. Más tarde, Irwin (1989) señalaría que ambas posiciones son incorrectas. Según nuestra interpretación, el argumento de Irwin corre así: Peel carecía del modelo apropiado para formular una expectativa racional sobre el impacto de la apertura sobre el salario real de los obreros industriales; después de todo, el modelo de Heckscher-Ohlin recién llegaría en el siglo XX. Conforme a los modelos de su tiempo (Malthus, Ricardo), el salario real era una constante en el largo plazo; los datos del período 1792-1815 así lo indicaban. Luego, ¿con qué fin iba Peel a abrir la economía? Hacia 1840, sin embargo, el pesimismo clásico relativo al estancamiento del salario fue esfumándose: el salario real industrial del período 1840-1845 casi duplicó el de 1810-1815. Según Irwin, esta pieza de evidencia tuvo un peso fundamental en la decisión de Peel. (O’Rourke y Williamson, 1999, cap. 5.)

Referencias:

Irwin, D. (1989): “Political Economy and Peel’s Repeal of the Corn Laws”, Economics and Politics, 1 (spring).

Keynes, J. M. (1936): The General Theory of Employment, Interest and Money. Reimpreso por Harcourt Brace Jovanovich, 1964.

O’Rourke, K. y J. Williamson (1999): Globalization and History. MIT Press.

Stigler, G. (1982): “Do Economists Matter?” The Economist as a Preacher. The University of Chicago Press.

* Gran Bretaña era importadora neta de alimentos y exportadora neta de manufacturas. El caso opuesto al de Argentina.

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